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El salvajismo en las redes sociales es algo que no cede terreno. En medio del dolor por la muerte de Santi, el pequeño de 3 años que cayó al canal de riego lindante al circuito de motocross en Plottier, muchos se animaron a juzgar a los padres del niño y decir qué se tiene que hacer y qué no.
Primero que nada, a los papás de Santi hay que acompañarlos y mucho, la pérdida que han tenido es irreparable. Así como les pasó a ellos, les podría haber pasado a otros padres, porque lamentablemente los accidentes existen, ocurren y todos estamos expuestos. Nadie tiene siete vidas, pero hay muchos comentaristas a los que les sobra el tiempo para opinar/juzgar detrás de una pantalla.
Cuando estalló lo de Santi, en la redacción estuvimos hasta tarde chequeando qué novedades había. Debido a mi formación en todos estos temas, sabía, de acuerdo con las hipótesis que se manejaban, que el panorama no era el mejor.
Si se había perdido en la barda, lo más seguro era que no resistiera las bajas temperaturas de la noche. Si se lo habían llevado, cosa rara en Neuquén, pronto lo abandonarían por la gran búsqueda que se había montado. Si había sido tomado por un depravado, en menos de dos horas, en estos casos, el chico habría sido asesinado. Y lo que terminó ocurriendo, que era lo más simple, fue que el chico, caminando siguiendo una hormiga, una hoja o lo que fuera, terminó resbalándose y cayendo al canal donde encontró la muerte.
Así como dije que hay muchos salvajes, también hubo muchos que hasta ofrecieron drones para colaborar con la Policía. Deberíamos ser más solidarios en situaciones extremas y pensar en el dolor ajeno.