POR LEÓN FELMER / Especial
El contraste es grande: a pocos metros, Loma Campana, la principal área no convencional de América Latina, es una tromba que bordea los 50 mil barriles diarios de producción de crudo. Mes a mes se supera a sí misma. Y unos metros más acá (más hacia el frente de ese pueblo en boca de buena parte del país, Añelo), crece el bosque más impensado de todos. La idea tiene una cuota de locura: lograr que 100.000 árboles crezcan en parte de la más inhóspita meseta neuquina. Y lo cierto que está sucediendo. Son álamos, pinos y sauces que están volviendo verde esos manchones rojizos de arcilla que caracterizan esa zona petrolera de la provincia. Le ganan al viento, a la amplitud térmica.
“Se ve que el suelo neuquino con un poco de agua puede hacer crecer casi de todo”, dice el ingeniero Aníbal Lazarte Vigabriel, un tucumano que se mudó con su familia hace un par de años para ponerse al frente de la construcción de las centrales térmicas que le dan otra vuelta a la producción petrolera en Neuquén.
Los árboles son parte del Proyecto Pulmón Verde, una derivación de la refrigeración de esas centrales. Implica una novedosa vuelta de tuerca a la utilización del agua que se utiliza en ese proceso. Estaba la chance de que el agua fuera devuelta al río Neuquén, o derivada a través de un entramado de cañerías primarias en unas 130 hectáreas para, aunque parezca increíble, comenzar a darle vida a un bosque.
Los árboles que plantó YPF en la cuna de los no convencionales
La noticia fue publicada en LM Neuquén el 10 de diciembre de 2017. Un año y un mes después, en las partes altas de la plantación se divisan miles de metros a la redonda las filas de árboles que ya superan los dos metros de altura.
Son puro presente, pero también invitan a pensar en el corto y mediano plazo de un gran bosque, que también marca un camino a seguir en una industria repleta de desafíos ambientales.
Son exactamente 72 hectáreas, si se contempla la superficie sin plantar que debe dejarse para la seguridad de algunas instalaciones que forman parte de toda la infraestructura, ductos y equipos de bombeos del área petrolera, que quedan rodeadas por la arboleda.
En el ingreso al predio, hay una gran pileta, que es donde el agua ingresa al circuito de riego, automatizado, que alimenta por goteo el crecimiento de los miles de árboles. Un puñado de operarios verifican todos los días que los kilómetros de mangueras para el riego no se obstruyan y permitan continuar con el proceso de crecimiento del bosque. Son, también, los encargados de la poda y el cuidado día a día.
“Creemos que todo esto es parte de lo que todas las empresas debemos hacer. Estamos marcando un camino, algo inédito que no había ocurrido en ningún área del país”, comentó Lazarte.