Neuquén.- Quién te ha visto y quién te ve. Los tradicionales bingos ya no son lo que eran. De aquellas salas repletas en todo el país, de los premios millonarios en sus mejores años a esta crisis casi terminal del sector, que no para de cerrar salas en todo el territorio nacional. Pero no es un problema sólo de estas tierras, sino que el fenómeno adverso se registra en todo el mundo.
Hay un dato contundente y lapidario que brindó la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ) de España. En 2006, el bingo oficial del país europeo facturó 3694 millones de euros y existían 447 salas abiertas. Diez años después, el número de salones dedicados a este juego de azar se sitúa en 309 y la recaudación se ha reducido hasta los 1975 millones, informa el portal Bolsamania. Y en la Argentina las cifras son tanto o más alarmantes.
También los márgenes brutos del bingo, diferencia entre los ingresos y los premios entregados, se redujeron un 12% en los últimos cinco años, de 658 millones de euros en 2011 a los 578 millones alcanzados en el 2016, siempre de acuerdo con los datos difundidos por dicho organismo. El repunte de los últimos períodos no parece ser suficiente.
El bingo electrónico no alcanza ni el 8% de la facturación total. Otra alternativa a la crisis tradicional es el bingo online. Al menos, los ingresos de este juego de azar en la red aumentaron cerca de un 600% en los últimos cinco años, hasta los 71 millones de euros.
Cambian las costumbres y los hábitos. El bingo se vio castigado por la crisis económica, pero también sufrió en este período un cambio generacional. Según señala el estudio “Percepción social sobre el juego de azar en España 2017” realizado por la Universidad Carlos III y Codere, “los bingos están cambiando sus públicos. Un efecto de la crisis ha sido el repliegue de las generaciones maduras”, el principal motivo del aumento de la recaudación en los nuevos formatos.
90 En esa década, los bingos fueron furor. Antes también eran populares.