Siempre cuesta cambiar los hábitos culturales arraigados durante años. Los neuquinos lo comprobamos en la última década con varias normativas que se sancionaron y que generaron polémica y resistencia. Por citar algunas, la prohibición de fumar en espacios públicos cerrados o de beber antes de subirse a un vehículo para conducirlo. Podría recordarse también la prohibición de entregar bolsas de plástico en los supermercados o el impulso que dio ahora el municipio de Neuquén para separar los residuos domiciliarios en cada vivienda.
Pero, sin lugar a dudas, lo que más está generando resistencia por estos días es el acatamiento a la ordenanza (y a la ley provincial) que prohíbe el uso de la pirotecnia. Durante la última Navidad, el cielo de Neuquén estalló en colores y ruidos, por más controles que se hicieron y campañas que se publicitaron sobre los aspectos negativos que tiene esta costumbre para festejar. Es cierto que hubo muchos menos estruendos que en fiestas pasadas. Pero no fueron pocos los que se las ingeniaron para conseguir, de manera clandestina, cohetes, petardos, cañitas voladores y todo tipo de artefactos. ¿De qué manera? A través de las redes sociales, mayoritariamente, que es la forma más sencilla de evadir cualquier tipo de control.
Siempre hubo resistencia a los cambios a través de ordenanzas en Neuquén, pero finalmente se aceptaron.
¿Podremos los neuquinos ser capaces de dejar esta costumbre que viene desde los festejos de la fundación de la capital? Todo indica que será posible. Tal vez lleve un poco más de tiempo, pero algún día la pirotecnia será nada más que el recuerdo de una forma de festejos que a muchos les molestaba y para otros era un duro sufrimiento. Vale la pena hacer el intento.