Los cinco pueblos fantasmas en Neuquén

Challaco

Con el nombre mapuche de Challacó (olla de agua) se denomina a uno de los pueblos fanstama de la provincia de Neuquén ubicado a unos 25 kilómetros de Plaza Huincul al norte de la Ruta Nacional 22.  Tuvo dos oportunidades en su historia de convertirse en un próspero pueblo: cuando fue punta de riel en la segunda década del siglo pasado, y en 1941 cuando se descubrió el petróleo.
Hoy es un pueblo fantasma. En los edificios que están abandonados y destruidos por el vandalismo aún tienen huellas de sus habitantes, trabajadores del ferrocarril, como así también se resisten al paso del tiempo algunos comercios y viviendas particulares que marcaron la parada obligatoria de los colectivos que iban desde Neuquén hacia el Oeste, antes de que el asfalto de la ruta obligara a trasladarla hacia el Sur.
Sebastián Rondanina ya tiene 80 años y es el custodio de Challacó. Vive a pocos metros de lo que fue la colonia ferroviaria y es nativo de este paraje.
Del otro lado de la ruta, hacia el Sur, sobreviven los cuatro edificios de lo que pretendió ser un campamento petrolero. Después se convirtió en un asilo para ancianos, para volver a inscribirse en la historia cuando funcionó  la sede de la Universidad Provincial del Neuquén, específicamente la Facultad de Ingeniería. Los estudiantes de entonces produjeron una manifestación y lograron que se nacionalizara.
Fue el origen de la Universidad Nacional del Comahue. Después, el gobierno de la provincia creó allí una suerte de colonia penal sin rejas, pero el proyecto cayó en el olvido. Hoy los edificios no tienen vida, están olvidados pese a estar a pocos metros de la mayor riqueza que tiene Neuquén, el petróleo.

San Eduardo

El 29 de marzo de 1951 ocurrió una explosión en la mina San Eduardo que explotaba el yacimiento de carbón en el departamento Pehuenche, a unos 75 kilómetros de Chos Malal.
Un turno cumpleto de obreros quedó en sus túneles. El pueblo fue declarado monumento histórico por la Legislatura provincial gracias al trabajo de rescate de la historia que hizo un grupo de familiares de los obreros muertos y de los que sobrevivieron, como así también de quienes vivieron en este pueblo.
La explosión fue a las nueve menos cuarto de la mañana y todos los años en la boca de la mina Santa Teresita se realiza un acto de recordación que mueve las fibras más íntimas de los sobrevivientes.
Los yacimientos de combustibles sólidos se empezaron a desarrollar después de la crisis del ´30 y de la Segunda Guerra Mundial, tomando gran relevancia el yacimiento carbonífero San Eduardo, debido a la gran afluencia de obreros que llegaron al lugar y posteriormente sus familias, se formó un pueblo que dependía exclusivamente de la extracción del carbón, hasta 1960 donde muchos fueron trasladados a Río Turbio o despedidos.
Hoy el desierto se encargó de borrar las huellas que viven en la memoria y que los historiadores pudieron refrescar.

Auca Mahuida

A unos 133 kilómetros de Neuquén capital al norte por la Ruta Provincial 8 y 89 kilómetros antes de Rincón de los Sauces, el tiempo se detuvo el 22 de agosto de 1947. Auca Mahuida fue una mina de asfaltita que explotaba la empresa del mismo nombre y que cerró tras una explosión que dejó sepultados en sus galerías suberráneas a 15 mineros.
Durante su esplendor, en 1947, vivían unas 1.500 personas, aunque hoy apenas queda más que un puñado de 20 viviendas. Y ningún habitante. El pueblo de Auca Mahuida fue el más grande de su zona, cuando Añelo no era más que un paraje y Rincón no estaba en los planes.
Se producían 80 camiones por día de asfaltita, en los tres turnos de trabajo, donde había más de un centenar de obreros por cada uno. La mina subterránea tenía alrededor de 105 metros de profundidad y 350 de extensión por túneles a distintos niveles del suelo. Cuando explotó, se derrumbaron y hoy se pueden apreciar los surcos que dejaron en la tierra.
Las edificaciones se distribuyen en tres grandes grupos. Sobre la avenida están las casas que sirvieron como almacenes de ramos generales, la enfermería, la carnicería y la comisaría con su calabozo, todas incrustadas en la ladera de la barda. Algunas de ellas todavía mantienen sus techos intactos, su revoque y las ladrillones de adobe en perfecto estado. Hay otras que fueron más dañadas por el abandono.
Frente a ellas, sobre la barda, están las oficinas que sirvieron para la empresa Auca Mahuida que explotaba la mina La Escondida. Al lado, la Escuela Nacional Nº 120 que funcionó hasta 1999 como un establecimiento albergue para los niños de parajes cercanos.

Alicura


Las ruinas de la Villa Alicurá llaman la atención porque están a la vista de los viajeros que transitan por la Ruta 237 entre Piedra del Águila y Bariloche (cerca de los criaderos de trucha del río Limay, y a pocos kilómetros del empalme con la Ruta 40).

Esta villa tuvo miles de habitantes, con escuela, canchas, cine, hospital, talleres, etc., y gente que nació y vivió parte de su vida.

Se construyó para que allí vivan los empleados que construyeron la represa de Alicurá situada aguas abajo del lugar en el río Limay.

Hoy un alambrado impide el acceso a los visitantes, lo que de alguna manera frena el vandalismo. Pero las viviendas ya no están, sólo quedan las plateas y algunos vestigios de los edificios comunitarios
.
Entre los años 1980 y 1985 aproximadamente se desarrolló la vida aquí y se fue desalojado a medida que terminaron la obra, dejando todo tipo de recuerdos para la gente que lo habitó.

Desde un improvisado mirador de la Ruta Nacional 327 se pueden contar sus quince cuadras entre la barda de la ruta y la orilla del río y todavía sobreviven los álamos que sus habitantes plantaron. En la escuela aún hoy flamea una bandera argentina, todo un símbolo de patriotismo.


Fili Dei


Este campamento petrolero se originó en la presidencia de Arturo Frondizi cuando se desregularon los contratos petroleros y se permitió el ingreso de las empresas privadas a la explotación de hidrocarburos. Fili Dei o Campamento Sol fue un ejemplo de la inversión que generaba la actividad hidrocarburífera para la época y para la zona.
Era un grupo de viviendas construidas con ladrillos de primera calidad, con techos de tejas, y con un sistema de provisión de agua potable. Los empleados que vivían allí tenían la posibilidad de tener todo al alcance de la mano, sin necesidad de trasladarse hasta la cercana Cutral Co que crecía lentamente pero que aún no mostraba el avance de los ´70, después que se descubrió el yacimiento Loma La Lata.
Había una sala de proyección de películas, lugares adaptados para la práctica deportiva y la empresa norteamericana tenía una política que hoy resulta una quimera. Cada familia que vivía en el lugar debía tener la custodia de una cantidad determinada de árboles. Cada tanto venía una inspección y si no tenían esos árboles verdes eran multados.
Hoy Fili Dei es un pueblo fantasma. Las viviendas están ocupadas por algunos crianceros o granjeros que pueden obtener agua por camión que se traslada desde Cutral Co. También hay una escuela en perfectas condiciones, y el vandalismo ha hecho lo suyo en el resto de las viviendas que hoy están desmanteladas. Es en el medio del desierto neuquino a pocos kilómetros al norte de Cutral Co. El sitio está abandonado y no tiene los servicios esenciales como la provisión de agua. No ha habido ningún proyecto por reciclar el lugar como ocurrió con el barrio de Gas del Estado al norte de Plaza Huincul.

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