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Los ecos de una tragedia

La muerte de dos alumnas en la Ruta 2 me recordó la corta pero intensa vida de una de las víctimas del Colegio Ecos.

La tragedia de la Ruta 2 donde murieron dos alumnas de 11 y 12 años de una escuela de Benavídez, provincia de Buenos Aires, me trajo de inmediato el recuerdo de una de las diez víctimas del grupo de jóvenes del Colegio Ecos que el 10 de octubre de 2006 regresaba a Buenos Aires desde la localidad chaqueña de Quitilipi, donde habían concurrido a apadrinar una escuela rural, cuando el micro que los transportaba fue embestido por un camión fuera de control por una ruta en el norte de Santa Fe.

Se llamaba Delfina Goldaracena y la conocí cuando tenía la misma edad (12) que una de las víctimas de la tragedia de ayer, escuchándola leer sus poemas que reflejaban un universo asombroso de sueños, de preguntas para entender este mundo y una sensibilidad que la llevaba a escribir: “Mi mundo es una hoja/de árbol que ha caído de su mundo/¿Cómo comprende la hoja que ya es tiempo de vivir?/¿Es ese el sonido que vuela por mi vida?/El mundo se gasta y luego/descansa con la hoja a su lado/y con un poema dentro”.

Pero además de escribir poemas -que deslumbraron al mismo Luis Alberto Spinetta- Delfi, como le decíamos sus amigos del mundo de la literatura, disfrutaba navegar y desplegaba su corazón pleno y alegre cuando realizaba tareas solidarias en los barrios más humildes. Unos años después me enteré que su interés por ayudar a chicos sordomundos la llevó a aprender el lenguaje de señas.

Un amigo en común dijo alguna vez que su criatura era pura luz inteligente. Todo el día de ayer pensé en la muerte de esas pequeñas que soñaban conocer el mar y jugar con delfines. Y pensé en la corta pero intensa vida de esa joven de un mundo soñado.