A pesar de ello, los jueces no han acusado recibo. Cuales dioses, en su Olimpo de leyes deciden a voluntad y con un grado de soberbia tal que les impide bajar a la plaza pública a explicar sus fallos.
Al clan de la toga no le gusta compartir con nadie, sólo con ellos, y cuando se les ofrece el micrófono lo rechazan amparados en una trillada frase: "Nosotros hablamos por nuestros fallos".