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Los juicios, el candidato y el desorden

Después de más de dos décadas de inactividad, los jueces activaron este año un número significativo de causas por delitos de lesa humanidad.
El juez y los juicios
Así como el desorden fue palabra y tema de la semana, igual que el lanzamiento de ese candidato pro orden que es Duhalde, los juicios y sus jueces fueron iguales o, en todo caso, según lo valora este cronista, protagonistas centrales.
Mucho ha tenido que ver con quienes procuraron un orden a base de la tortura y los homicidios a escala. Se destacan entonces los juicios que culminaron esta semana.
Tres jueces de un tribunal Federal con asiento en Mar del Plata condenaron a prisión perpetua a tres ex marinos acusados por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención que funcionó en la Base Naval I.
Por otra parte, el Tribunal Federal Nº 2 condenó a doce represores que deberán cumplir  perpetua y cárcel común por su culpabilidad en casi doscientos casos de delitos de lesa humanidad. Otros cuatro pasarán un cuarto de siglo cada uno por las causas del Club Atlético, El Banco y El Olimpo, centros clandestinos de detención de la Ciudad de Buenos Aires. Entre los condenados a prisión perpetua están Julio Héctor Simón –más conocido como “el Turco Julián”– y el apropiador de los mellizos Reggiardo-Tolosa, el ex sub comisario Samuel Miara. En tanto el ex agente civil de inteligencia del Ejército Raúl Antonio Guglielminetti, que operó en dos dictaduras, recibió la condena de veinticinco años.
En Córdoba, Jorge Videla y el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez fueron condenados a perpetua. La misma pena fue dada a otros cinco ex militares y siete ex policías. Todos ellos fueron hallados culpables de imposición de tormentos agravados, homicidios calificados por alevosía y tormentos seguidos de muerte.
Se termina el año 2010. Han sido muchas las condenas por delitos cometidos durante la última dictadura. El activismo de los jueces parece que ha sido de tal intensidad que recuperaron un tiempo perdido, después de la política de frenos impuesta durante casi dos décadas. Sólo se exime de ese parate el juicio llevado a cabo en la primera parte de la presidencia de Raúl Alfonsín hacia los ex comandantes de las juntas militares.
La trágica herencia del terrorismo de Estado remite no sólo a esas condenas por parte de aquellos jueces federales. Otra jueza, Sandra Arroyo Salgado, volvió a dar lugar al pedido para la obtención de nuevas pruebas para el estudio genético en la causa Noble Herrera. Si bien no se pudo llevar a cabo la diligencia procesal por una nueva dilación interpuesta por los abogados de la familia de la empresaria de medios se está cada vez más próximo a un cierre de esa causa, para esa manera determinar si son o no hijos de desaparecidos.
Pero no sólo el mundo judicial doméstico cerró muchas causas pendientes, además de abrir otras por aquellos crímenes. El año termina con un debate acerca de la complicidad civil en la última dictadura. Además, el país ha dado una muestra más de que es vanguardia al estar en condiciones de producir instrumentos internacionales para el tema de la defensa y promoción de los derechos humanos. Todo en base a la trágica suerte de miles de personas.
Ciertamente, a mediados de la semana que terminó, en el Palacio San Martín de la Cancillería, se lanzó la Convención Internacional contra las Desapariciones Forzadas de personas. Ésta era una iniciativa elaborada junto el gobierno de Francia y presentada ante la ONU. Fue adoptada hace cuatro años como tratado. El mismo procura prevenir las desapariciones forzadas, obtener la verdad cuando se produzcan. Además cuenta con un capítulo dedicado al castigo de los autores y eventual reparación para con las víctimas y sus familias. Uno de los instrumentos del tratado es el habeas corpus internacional para la búsqueda de personas desaparecidas.
Tiempo de desorden para algunos. Momento de nuevo orden para otros en base a la globalización de los derechos humanos. Para los primeros que insisten en el orden azuzan el miedo al desorden, a una suerte de pre-anarquía, según las palabras del candidato Duhalde. El pasaje de la frontera hacia el temible desorden ha sido una constante en la historia reciente del país y de otras partes del mundo. Cuando se impuso, nada bueno ocurrió.