Desensillar hasta que aclare, dirían en el campo. No hacer ningún negocio importante hasta que pasen las elecciones, aseguran en la ciudad.
Neuquén, como buena parte del país, espera con ansiedad el cambio de presidente, y hasta que ello no ocurra, el mercado inmobiliario, tan volátil y cambiante, permanecerá en una meseta que comenzó hace unos cuatro meses y que es coincidente con la crisis petrolera.
Como se sabe, el éxodo de personal jerárquico por decisión de las empresas a no invertir por el debilitado precio del petróleo causó un gran impacto en el rubro de las propiedades residenciales o de lujo. La incertidumbre por el futuro del país terminó de completar un escenario de cautela y mucha prudencia a la hora de comprar o vender propiedades.
“La gente tiene miedo a una eventual devaluación; por eso no quiere desprenderse de bienes”, asegura un reconocido operador del rubro. En efecto, la crisis de Vaca Muerta dejó muchas propiedades grandes desocupadas cuyos dueños no saben qué hacer.
Una posibilidad -coinciden los especialistas- es que esas grandes casas terminen vendiéndose para la construcción de edificios de departamentos de uno y dos dormitorios, teniendo en cuenta la fuerte demanda que hay en la ciudad debido al enorme porcentaje de población joven y de adultos que viven solos.
Sea como fuere, el negocio de los ladrillos hoy está parado. Su futuro dependerá del inminente cambio de gobierno a partir de diciembre y de la evolución de la crisis petrolera que hoy golpea a la provincia y que hace que los inversores tengan más dudas que certezas.