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Los límites de la buena onda

Parece un mal plan en un año electoral. Pero está sucediendo. El gobierno nacional tensa algo su relación con las provincias por la vía que más les duele a los gobernadores: la de la plata. El caso es que María Eugenia Vidal reclamó ante la Corte que le saquen del freezer el Fondo del Conurbano, una compensación otorgada a Buenos Aires en 1992 por la pérdida de puntos de la coparticipación. Tiene un techo de $650 millones desde hace años, poco para atender el tenor de las carencias bonaerenses. El reclamo les puso los pelos de punta a los gobernadores, siempre con el matiz crucial de que sus quejas se encontrarán con todo lo que dependen de la billetera nacional: darle a Vidal lo que pide implicaría que las provincias resignen parte de su coparticipación por Ganancias. Neuquén dejaría de recibir unos $1150 millones. La convivencia con Nación, dicen en la gobernación, siempre tuvo el límite de los intereses neuquinos. “No hay forma de que Neuquén resigne lo que le corresponde”, era el lugar común repetido ayer en el Gobierno. En paralelo hay una incipiente actividad telefónica entre los gobernadores. Tratan de coordinar una postura en común en un contexto en el que para todos, por la situación económica, cada peso vale más de la cuenta. En ese cruce de llamadas evalúan una presentación en conjunto de las provincias al máximo estrado judicial de la nación para fijar su postura, al margen del pedido de opinión que recibieron de ese estrado judicial todas las provincias. La otra alternativa del grueso de los gobernadores es pedir una audiencia en la Corte. Para el gobierno neuquino no es un tema menor: al margen de un hipotético perjuicio, pone a prueba una posición política en un año con dos elecciones.

La liga de los gobernadores evalúa ir a la Corte en contra del reclamo de Buenos Aires que afectaría sus finanzas.