“Hegemónico”. Con esa palabra calificaron el cuerpo de Oriana Sabatini luego de que la influencer decidiera subir a sus redes un video en bikini, sin filtros ni retoques de Photoshop. La publicación plasmaba un mensaje de superación: la chica mostraba todas las imperfecciones que la acomplejaban y afirmaba que, tras un camino pedregoso, había logrado amarse tal cual es.
Aunque la opinión pública celebró su mensaje y su video cosechó miles de reproducciones en pocas horas, las críticas no tardaron en hacerse oír. “Hegemónico”. Incluso al natural, su cuerpo llenaba todas las casillas de belleza socialmente exigida. Sus rollos eran unos pliegues ínfimos de la piel, su abdomen apenas se abultaba y la celulitis solo aparecía cuando ella se apretaba los muslos con fuerza.
¿El video de Oriana es realmente un mensaje de positividad corporal? ¿O es solo una demostración de su delgadez que mella aún más en la conciencia de las personas con sobrepeso u obesidad, que no encuentran esos defectos que la influencer parece encontrarse?
Para los activistas gordos, la joven debería tomar conciencia de sus privilegios para aliarse con los menos privilegiados en una lucha más amplia por la positividad corporal. Para otros, la publicación demuestra que la presión social sobre los cuerpos cae también sobre las modelos: incluso las que cumplen con todos los cánones llegan a detestarse y hacerse daño en busca de estándares imposibles.
Aunque la masividad del mensaje llegó de los menos imperfectos y no de los que luchan desde hace años por la aceptación de todos los cuerpos, el video implicó una verdadera hazaña: consiguió poner en debate el amor propio, la presión social sobre los cuerpos y la hegemonía de la belleza. Y así Oriana, con su cuerpo hegemónico, logró desviar la mirada hacia los que batallan para que todos se acepten tal cual son.