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Los números hablan solos

Francisco Carnese

De un tiempo a esta parte abundan los presagios que advierten sobre un declive inminente del Movimiento Popular Neuquino. Desde la oposición, e incluso en sectores minoritarios del partido provincial, afloran enunciaciones que después terminan chocando con la cruda realidad de los números. Y es ahí, en el momento de contar los votos y de medir la participación, cuando se terminan las conjeturas.
A las elecciones del domingo se volcaron más de 126 mil personas, casi 30 mil por encima de las últimas internas a gobernador de 2011, momento en que se enfrentaron dos pesos pesados como Sapag y Sobisch. Un parámetro para medir la magnitud de este fenómeno es que participó un tercio del padrón habilitado o, si se quiere, casi la cuarta parte de la población total de la provincia.
Podrá argumentarse, no sin razón, que Neuquén carece de una fuerza política que pueda ejercer el mínimo contrapeso a un partido con 50 años de historia. Es atendible también el hecho de que el habitante de esta provincia, en mejor o peor posición, no conoce otra cosa y que un hipotético cambio le genera ciertas y entendibles incertidumbres. Tampoco podrá soslayarse el gigantesco aparato del Estado puesto a disposición de un evento electoral que aglutina la atención de propios y extraños, habida cuenta que el MPN es quien marca la cancha y le fija la agenda política al resto. Lo cierto e irrefutable es que se trata de un partido con una capacidad de movilización que no tiene parangón en el país y que se reinventa, ahora bajo el mentado “recambio generacional”, para imponer una hegemonía que, de no mediar sorpresas, tendrá continuidad después de 2015.