El jefe de Gabinete, Marcos Peña, reveló que este año el Gobierno destinará más de 130 millones de pesos del presupuesto general a pagar sueldos de los jerarcas de la Iglesia católica.
Peña hizo trascender el monto de los recursos que irán a las finanzas de la Iglesia luego de que un diputado de la oposición requiriera la información. Así, se sabe que un obispo gana mensualmente 46.800 pesos y que un retirado, de esa misma jerarquía (emérito les llama la Iglesia), percibe 40.950 pesos.
¿Por qué el Estado tiene que pagarle los sueldos a una institución religiosa pese a que Argentina es un país laico? Lo tiene que hacer porque así lo establece la Ley 21950 que los sucesivos gobierno heredaron de la dictadura militar pero que nunca fue derogada.
Fue Jorge Videla quien impulsó la norma, en momentos en que la mayor parte de la Iglesia católica (la de Neuquén con Jaime de Nevares fue una de las pocas excepciones) apoyaba abiertamente sus abusos.
Por tanto, el gobierno de Macri, al igual que las dos gestiones de Cristina Fernández, la de su difunto esposo, Néstor Kirchner, y la de todos sus antecesores desde 1983, vienen cumpliendo con rigurosa puntualidad.
No se podría decir que precisamente Macri goce de buenas relaciones con la jerarquía católica, y menos aún con Jorge Bergoglio, quien esquivó aterrizajes en Argentina en cada viaje pastoral que ha realizado a países de la región.
Llamativamente, ninguno de los Estados de los países vecinos que visitó el ex arzobispo porteño tiene semejante gesto presupuestario como el que anualmente dispensan las arcas argentinas.
Un obispo en actividad gana casi 50 mil pesos y uno jubilado, más de 40 mil. Se los paga el Estado.