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Los peronistas, con una agenda muy cargada

Falta un año para el inicio de las campañas con vistas a las primarias de las próximas presidenciales. Los gobernadores ya comenzaron a mostrar su juego.

Por GABRIEL RAFART

La aceleración de los tiempos políticos recarga la agenda de sus principales protagonistas. En principio hay movimientos de agenda entre los no peronistas. Apuntan a alumbrar un gobierno en 2015. Entre los radicales, socialistas y seguidores de la sociedad porteña de Solanas y Carrió, se anunció la disposición a producir una criatura electoralmente competitiva como lo fue la Alianza en 1999, sin saber aún cómo diferenciarla de aquella frustrada experiencia. Posiblemente surja del compromiso de construir una fórmula presidencial en las primarias abiertas que recién llegarán dentro de un año. Por supuesto que falta definir si en esa nueva entente participará el macrismo, según una demanda de la siempre disruptiva Carrió. Por momentos parece que es Lilita, con sus pretensiones de ser solo ella desde el despliegue de su exuberante personalismo, quien tuviera la llave maestra para saber si el futuro conglomerado sea más reducido o de mayor amplitud. Muchos insisten en que el polo no peronista aún carece de un líder convocante. Tienen razón, falta el Capriles argentino. Asimismo, queda sin resolver si serán los legisladores de todo ese conjunto quienes promuevan un cambio en la letra de la ley nacional de primarias obligatorias. La apuesta es generar una fórmula en que el ganador encabece el futuro binomio presidenciable y su segundo derrotado sea el acompañante. Recuérdese que sin la institucionalización de las PASO la fórmula triunfante de la Alianza de hace quince años se dio de esa manera.
Hasta los peronistas de varias cepas, incluyendo por supuesto a los kirchneristas más entonados, miran con simpatía ese cambio en la ley de primarias. Este asunto entró en la agenda de todos los gobernadores y figuras peronistas con pretensiones de llegar a la Casa Rosada en 2015.
Ciertamente, frente a aquel desafío planteado desde el planetario de los no peronistas, los variopintos peronismos son quienes cargan con mayores anotaciones en su librito de tarea. En primer lugar porque son gobierno y se proponen seguir siéndolo en los territorios y en la Nación. En segundo, porque están creídos que solo ellos pueden hacer gobernable a la Argentina frente a los desafíos del presente y del futuro. Por si fuera poco, la historia los respalda: desde la jura de Raúl Alfonsín hasta el último día de la administración actual de Cristina Fernández, los peronistas gobernarán un total de veinticuatro años y medios.
Ciertamente, para los peronistas de todos los sabores la agenda de las próximas semanas, meses y año y medio es tan voluminosa que resulta tan pesada como un tomo de vieja enciclopedia. Solo observar lo ocurrido esta semana con los dos peronistas más importantes y populares después del general: el cardenal Bergoglio con un año como papa Francisco y Cristina Fernández. Ambos se encontraron en un largo almuerzo en el Vaticano. Ni uno ni otro buscaron ventajas, a pesar de muchos dichos y elucubraciones de semanas y semanas. A pesar de su prosapia peronista y un mismo lugar de nacimiento, los dos son distintos en su misma historia. Lo cierto es que el Papa está obligado a recuperar las enseñanzas de decálogo peronista promotor de la tercera posición frente al desafío que presenta la OTAN por el regreso a la escena diplomática y eventualmente bélica de la siempre volcánica Crimea a la Federación Rusa. El objetivo: incidir en esa crisis y evitar una guerra.
También Cristina Fernández tuvo una larga agenda internacional que arrancó la semana pasada en Chile con la asunción de la nueva presidenta de ese país. También ella se hizo cargo de aquel “internacionalismo” de la tercera posición en su visita a París. Fue al recordarle a su par francés, François Hollande, que en Argentina se sigue pensando en los aportes del primer Bonaparte a la historia de las revoluciones, su contribución al reformismo jurídico y el reconocimiento hacia Charles de Gaulle. A este último por las necesidades de entonces: se esperaba que no sean pocos los estados que quedaran fuera de las redes de alguno de los dos contendientes principales de la guerra fría. Fernández, además, recordó en París la generosidad de Francia hacia el exilio de tantos argentinos en tiempos dictatoriales. Sin embargo, la Presidenta no solo habló de historia y agradecimientos con Hollande: logró de este un compromiso de apoyar a la Argentina en sus gestiones con el Club de París. Para los oídos argentinos importa lo dicho: "Francia quiere que la Argentina pueda salir de sus trances financieros y lo está logrando". Rápida de reflejo, la Presidenta aprovechó la crisis de Crimea –el reciente plebiscito entre sus pobladores- para exigir a la comunidad internacional un mismo estándar para atender el asunto Malvinas.
Al regresar al país, la Presidenta se encontró con otros peronistas compartiendo y dibujando agendas propias. Están aquellos que bajo la búsqueda de la imposible normalización del PJ Nacional, muestran su poder y piensan en otros asuntos. No hay que olvidarse que el PJ siempre fue un instrumento que resultó más activo como símbolo y colección de pejotas de provincias que como una empresa nacional unificada. De hecho, desde 1983 hasta el presente cuando se lograba una “normalización”, al poco tiempo se vaciaba su conducción. Como sostiene un politólogo, el peronismo es un partido que tiene mayores oportunidades fuera de su institucionalización efectiva. Ciertamente, eso le permite lo que se conoce como “flexibilidad estratégica”, a no permitir las burocracias atrincheradas y con ello estructuras solidificadas. Incluye la posibilidad de hacer más efectiva la renovación de su dirigencia. “El PJ sin duda es un partido de masas, que tiene una organización informal más que burocrática, y las normas que gobiernan su vida interna son fluidas, ampliamente manipuladas, cuestionadas y, con frecuencias, soslayadas”, dice Steven Levistsky.
Lo cierto es que los gobernadores peronistas aprovecharon aquel tema de la agenda pejotista para una reunión que tuvo y tendrá más trascendencia de lo esperado. Nada fue secreto aunque algunos preferían que la prensa no estuviese presente. Tampoco fue una reunión a espaldas del gobierno nacional. Aunque sí fue una muestra de poder de una estructura que cuenta en la construcción del esquema, ya no solo peronista sino del balance de poder efectivo de la Argentina. Lo cierto es que se está hablando de dos presencias incómodas: la primera de José Manuel de la Sota y la segunda, se supone inesperada, del secretario legal y técnico Carlos Zannini. Que el primero se levantó cuando entró el segundo es parte del mito a producir sobre eventuales desacuerdos de los gobernadores respecto del hombre de la Presidenta. En cambio, lo De la Sota fue algo más que un gesto al sumarse al encuentro, considerando que aún no se sabe si su próximo paso será ser la pata mediterránea de Sergio Massa. Lo cierto es que el peronismo está revuelto y con agenda.