La provincia de Neuquén tiene un presupuesto casi siete veces mayor que el que destina Río Negro a Deportes. Sin embargo, ni por asomo esos números se reflejan en los resultados que se obtienen en las competencias regionales más tradicionales.
Si bien vamos a hablar de deporte federado y los recursos mencionados incluyen una gran parte que está dirigida al aspecto social del área, sirve como sustento para hacer una comparación válida.
En los Juegos Epade, que concluyeron ayer en Chubut, la delegación neuquina terminó en el cuarto puesto, mientras que la rionegrina llegó al último escalón del podio.
Más significativa fue la diferencia que hubo a fines de 2013 en los Juegos de la Araucanía, la cita más importante del deporte para la Patagonia y el Sur de Chile. Neuquén volvió con un pobre séptimo lugar y los vecinos con un destacado segundo puesto. No sorprende porque es una tendencia que viene desde hace muchos años.
¿Se puede evaluar una política deportiva a través de fríos números? Hay quienes afirman que no, y que son otras las variables que interesan. Pero también es cierto que en la Araucanía y los Epade los participantes son adolescentes y en ellos se podría reflejar el nivel de formación. En este contexto, debería ser necesario un replanteo de cómo se destinan los fondos y si es correcto que Deportes dependa de ministerios cuyas prioridades están centradas en otras áreas. Y si las autoridades consideran que no hay que cambiar el rumbo y que los recursos están bien asignados, sería interesante que esgrimieran los argumentos que justifiquen el porqué de los bajos resultados cuando se compite con provincias más “pobres”.