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Los ritmos que dan vida a la calle más larga de la ciudad

A lo largo de sus 9 kilómetros, la San Martín cambia de semblante. El centro y la periferia, muy distintos.

NEUQUÉN
Son las 12 de un jueves y en un extremo de la capital el tránsito es intenso; todo es asfalto, abundan los semáforos y los bocinazos no se detienen. En el otro, una casa en medio de la arboleda y un complejo de cabañas se imponen en medio de la tierra y el silencio. Así es la calle San Martín, la más larga de la ciudad y una de las que en su recorrido muestra el crecimiento desordenado de una capital que dejó de ser pueblo hace tiempo, pero que mantiene aún algo de las viejas épocas.
Son más nueve kilómetros de extensión. Comienza en Avenida Argentina y termina en el límite con Plottier, en la calle Olavarría. No se interrumpe en ningún punto, como sí sucede con muchas otras calles, y donde termina el asfalto su paisaje cambia totalmente.
Atraviesa siete barrios y cada uno de los sectores tiene sus historias y sus problemas. Pero en su recorrido se puede observar que mucho de lo que hay marca parte de la idiosincrasia de la ciudad: el Parque Central, construcciones nuevas en contraste con enormes terrenos baldíos que recuerdan lo que en algún momento fue una chacra, el viejo ferrocarril, la Cooperativa Vitivinícola y, ya en los últimos tramos, un canal de riego que en verano sirve de pileta para los chicos del barrio. Todo parte de lo que fue conformando la identidad de la capital neuquina.

Diferencias
Netamente comercial en gran parte de sus primeras 30 cuadras, el tránsito es intenso en todo momento del día. Al cruzarse con la Colón, la calle se convierte en mano única hacia el centro, a pesar de que aún existen proyectos oficiales que ven con buenos ojos la opción de transformarla en una sola mano desde Godoy. Sin embargo, esta opción está hoy en suspenso y hay varios vecinos y comerciantes que se resisten debido al constante tránsito. “Es mejor la doble mano”, dicen. 
“Por acá hay muchos accidentes porque el semáforo que está en la esquina de Catriel es complicado, se arman colas muy largas y vienen a alta velocidad, no alcanzan a frenar y chocan constantemente”, contó Carolina Fabriabi, una comerciante de la zona.
En el barrio Cumelén, la mudanza de Cimalco –una de las industrias que aún quedaba en funcionamiento en medio de la ciudad– cambió el movimiento diario y los vecinos esperan que se urbanice pronto para olvidar la mole de hormigón que avanza sobre esta calle.
Un poco más hacia el oeste, el problema es otro: “Se inunda cada vez que llueve”, coinciden los vecinos. En la intersección con Saavedra el agua cubre todo el sector e ingresa al barrio que se encuentra a pocos metros de allí.
A medida que se circula hacia el aeropuerto, la zona comercial –en la que predomina el rubro construcción, mueblería y el vinculado al automotriz– empieza, de a poco, a desaparecer. En Violeta Parra, punto donde la calle comienza a tener más viviendas, hay otro problema para los vecinos, y es la velocidad a la que pasan los autos: “Hace 18 años que estamos acá, es una calle peligrosa, porque los semáforos están lejos y siempre hay accidentes en esta esquina”, relató Luca, del almacén Las 24 Horas.
Luego comienza una vida plena de barrio hasta llegar al aeropuerto y desde ese punto el cambio es rotundo: calle de tierra, descampados, algunos viejos barrios, la cárcel de mujeres, la bicisenda que se acaba de construir al lado de la vía y mucho silencio. El contraste absoluto del número cero de la calle San Martín, en plena Avenida Argentina.

El tramo que figura asfaltado pero que todavía es de tierra

NEUQUÉN
El barrio Ferroviario es la única urbanización organizada que se encuentra en el último tramo de la calle San Martín. Viven allí los viejos empleados del ferrocarril, quienes le dieron origen a este sector de techos verdes.
“Es muy tranquilo, pero tenemos el problema de la tierra. Esta calle figura como asfaltada en 1982, que fue cuando pasaron las tierras de Nación a Provincia, así que las veces que fuimos a reclamar nos dicen eso”, contó Eusebio González, un jubilado que tiene un almacén sobre la San Martín.
“Vuela mucha tierra todo el tiempo y es muy transitada porque la gente del oeste para ir a los balnearios toma esta calle para evitar la ruta, primero agarra Belgrano, Zeballos hasta el Aeropuerto y después circulan por acá. Y durante el año, cada vez que hay un evento en el Neuquén Rugby es impresionante la tierra que vuela”, agregó Lorenzo Piticona, otro ferroviario jubilado que vive allí desde que se inauguró el barrio.

La historia de la mujer que vive donde termina Neuquén

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Griselda Gauna es la última habitante de la calle San Martín. Vive junto a su familia en un predio que limita con la calle que divide Neuquén de Plottier y con San Martín al 8600. Tiene su casa, además de un complejo de cabañas desde donde llegan turistas de todos lados; algunos están de paso hacia la cordillera y otros vienen a visitar la ciudad.
El silencio y la sombra predominan: “Es hermoso, estamos lejos del centro y muy tranquilos”, resumió, y contó que el único momento en que se siente mucho movimiento es cuando se corta la Ruta 22 y se toma como desvío la San Martín.

Contras
“Lo único que molesta es la tierra que vuela, sobre todo si hay mucho tránsito”, relató en referencia a que vive en una calle de tierra donde pocas veces pasa el camión regador.
Contó que uno de los problemas que tienen es que los turistas se ubiquen para llegar: “Es difícil porque la calle que divide Neuquén de Plottier se llama de un lado Olavarría y del otro Río Colorado, aunque también le dicen Zabaleta y Ruta 7. Siempre se pierden, pero una vez que llegan a todos les gusta porque es muy tranquilo”, cerró Gauna.