Para vigilar la frontera neuquina habría que valerse de helicópteros, porque aviones caza no hay.
El derribo de aviones es una herramienta planteada en la cumbre del Mercosur en 2014, pero sólo para el caso de un ataque externo. La lucha contra los narcos y el crimen organizado no es una cuestión de defensa nacional, sino de seguridad interna. De acuerdo con la Ley de Defensa de 1988 y en la Ley de Inteligencia de 2001, en principio las fuerzas armadas no deberían intervenir en cuestiones de seguridad interna. A esto se suma que la Fuerza Aérea fue desmantelada a tal punto que son escasos los aviones de combate que están operables, por lo que no se podría realizar un control efectivo de la frontera que además no está radarizada, por lo que identificar los vuelos clandestinos es otra complejidad a resolver.
En este escenario, para custodiar la frontera neuquina habría que valerse de helicópteros ante la carencia de aviones caza. No obstante, los narcos que operan en esta zona de la Patagonia prefieren utilizar los más de 32 pasos clandestinos que tiene identificados la Policía de Investigación de Chile, aunque el ministro de Seguridad de Neuquén admite que son más de 40. Lo cierto es que la hiperactividad del Gobierno por mostrarse ante la problemática de la droga pone en evidencia un desconcierto general y la carencia de un diagnóstico y, en definitiva, de una política.