Plaza Huincul > Se dice que, en esta ciudad, primero se descubrió el pozo, que a partir de ahí llegó gente, y que, con el desembarque de YPF, apareció el primer cabaret al servicio de la comunidad. Noventa años después, los piringundines siguen decorando el paisaje de esta localidad, cumpliendo la misma función para la que fueron creados. Hoy en día en Huincul hay tres establecimientos: El Sueño, sobre la ruta antes de la entrada a la ciudad; El Anfitrión, que está a pocas cuadras, y La Barra, en zona de chacras donde no hay nada.
Estos lugares son de conocimiento público y forman parte del entretenimiento local. “Antes los petroleros eran distintos: tenían plata, pero también conservaban su huertita, sus gallinas, su casa”, cuenta Graciela, bibliotecaria, hija, esposa y madre de petroleros. Sin embargo, todo cambió. “Ahora se les subieron los humos, y ninguno se baja de un auto de alta gama”, comentó.
La mujer sabe que hay prostitución en el pueblo y conoce bien a más de una de las chicas. Y a pesar de haber sido víctima de una separación ocasionada por visitas excesivas a "La Escuelita", ella sostiene que las prostitutas no son un problema.
“Las chicas pertenecen a Huincul; van a la plaza y llevan a sus hijos al colegio”, explicó la bibliotecaria, para quien además la clave está en la ruptura del núcleo familiar que representa la vida del petrolero, un estigma que deriva en conflictos, adicciones y hasta delincuencia, que a veces las prostitutas pueden evitar.
Los vecinos tampoco se ven demasiado afectados por la prostitución, salvo alguna que otra mujer celosa. “La verdad es que a mí no me molestan para nada, sólo me preocupa que mis nietas a la calle no pueden salir porque los que pasan por la ruta se piensan que están trabajando”, dijo un vecino del local “El Anfitrión".
Para los dueños de la propiedad donde se emplaza “El Sueño” el boliche es tan sólo una manera de subsistir. “Nosotros dependemos de este alquiler”, afirma Richard, quien le exige a la locataria que cada mes presente los certificados sanitarios de las mujeres.
Mientras los locales definen sus posiciones, el intendente y los concejales deben definir cuál es el camino de los prostíbulos, esos que nacieron para apaciguar la hostil Huincul.