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Los últimos momentos, según la Justicia

General Roca > En la madrugada del 1 de enero, la familia del gobernador Carlos Soria se reunió en la chacra, situada sobre Ruta 6, camino a Paso Córdoba. Estaba la familia: Susana Freydoz, sus hijos Martín Soria, esposa e hijas, Carlitos y su esposa e hijo, y María Emilia junto a su pareja Mariano Valentín. Estos últimos habían llegado hacía poco de Buenos Aires para radicarse en la localidad. Además, compartieron esa cena otros familiares.
Sólo faltó el otro hijo del matrimonio, Germán, quien llegó a primera hora del día siguiente.
Martín Soria, intendente de Roca, en el transcurso del día habló con sus padres y les adelantó que si a la noche iban a estar peleándose no iba. Ese fue quizás uno de los primeros síntomas del malestar que, con las horas, se convirtió en una situación cada vez peor, aunque nada anormal para lo que era la pareja de Soria y Freydoz, tal como coincidieron en sus declaraciones los familiares.
Apenas iniciada la cena, intentó cortar el pernil. Freydoz lo cuestionó.
La noche fue una cena familiar. Hubo algunas discusiones pero todo siguió. Carlos Soria hizo karaoke y le puso voz a esos tangos que le gustaba cantar. Sus pequeños nietos rieron y disfrutaron de la improvisación de su abuelo.  Freydoz llegó a decirle a una de sus nueras, quien reía por la actuación del Gringo, que no le festejara lo que estaba haciendo Soria.
Antes de la cena, el gobernador intentó colgar unos llaveros en forma de herraduras y de caballos, otra de las pasiones del mandatario. También hubo cuestionamiento por ello. Quizás, porque Freydoz era muy obsesiva del orden y dueña –como dijeron sus amigas- de un gran sentido de la estética.
Soria intentó, pasada la medianoche, bañarse en la pileta. Al parecer, ese fue otro motivo de discusión, debido a que sus pequeñas nietas pudieran imitarlo y quisieran meterse en la piscina. Pasó la noche. Se retiraron los invitados uno a uno. A las 2 llegaron los dos policías que tenían que cuidar el perímetro. Arribaron a esa hora porque el propio Gringo Soria les dijo que brindaran con sus familias y fueran a trabajar recién a esa hora.
El último en retirarse de la chacra fue Martín junto a su grupo familiar. Emprendió el camino hasta la ciudad de Roca, a unos 8 kilómetros.
Soria le dio de comer a sus perros junto a su yerno, Mariano Valentín. En la cocina, Susana Freydoz y su hija, María Emilia, comenzaron a ordenar la mesa y limpiar la vajilla.
El Gringo entró, pasó y se dirigió hacia el cuarto matrimonial a dormir. Freydoz, lo vio pasar, dejó lo que estaba haciendo junto a su hija y salió detrás. Comenzó la discusión. María Emilia, al escuchar la pelea, fue hasta su cuarto donde estaba su pareja recién recostada. Entrecerró la puerta para que no se escuchara la pelea de sus padres.
 
Rápido
Fueron unos pocos minutos. Tan poco tiempo pasó, que Martín Soria apenas había terminado de ingresar el auto en su casa en la ciudad cuando recibió el llamado desde la chacra. Se había desatado la tragedia.
De acuerdo con los testimonios que surgieron de los alegatos, Freydoz le recriminó a su esposo varias cosas, entre ellas que no la había saludado ni brindado cuando finalizó, pocas horas antes, el año 2011. Un año especial por cierto ya que además de la campaña política, el Gringo cumplió su sueño de ser gobernador de Río Negro.
Él le respondió  y hasta le dijo que prefería estar con cualquier otra persona que con ella. “Mañana agarro las cosas y me voy”, le habría dicho. Ésta, a su vez, habría amenazado con suicidarse. Una de las frases últimas fue, de parte de ella, “entonces se acabó”.
Carlos Soria estaba recostado sobre su lado de la cama matrimonial, el sector derecho. Al lado, una mesa de luz tenía el revólver calibre 38. La puerta de acceso a la habitación está en el extremo opuesto al sector donde yacía Soria. Había poca luz. El arma fue sacada de la mesa de luz, extraída de la cartuchera. El disparo recorrió 245 metros por segundo y fue efectuado a una distancia de entre 70 centímetros y 2 metros. La criminalística señala para este caso que el disparo fue realizado desde un sector levemente desplazado hacia la izquierda del cuerpo de Soria y, al parecer, desde el pie de la cama.
 
Escena
El disparo impactó en el pómulo izquierdo. María Emilia fue la primera en ingresar. Dijo la joven que el arma estaba sobre la cama y, como lo sostuvo el abogado defensor Alberto Richieri en su alegato, fue Freydoz la primera que intervino para pedir una ambulancia. La joven tuvo que controlar a su madre y la llevó hasta un baño. Mariano Valentín, pareja de María Emilia, corrió desde su habitación hacia el escenario del hecho. Hizo varias cosas a la vez. Intentó frenar el derrame de sangre desde el orificio de entrada hacia el interior de la boca de Soria, salió y gritó a los policías que llamaran una ambulancia y hasta tuvo que ayudar a su novia a contener a Freydoz.
A los pocos minutos llegó Martín Soria. Como lo dijo en el juicio, lo que vio fue lo peor que le puede pasar a una persona. Su padre casi muerto y su madre, encerrada en el baño, con unos ojos que, dijo, no eran los de su madre. Enseguida, llegó la ambulancia. A pesar de las maniobras allí, en el trayecto hacia el hospital y ya en el nosocomio, a las 4,50 de la madrugada del 1 de enero se decidió suspender todo procedimiento de reanimación.
Así fue todo.  “Nunca vamos a saber el motivo, y si hubo motivo”, dijo la jueza María Evelina García en su voto de ayer.