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Salvo por la militancia y el núcleo duro de los votantes por un partido político, en estas elecciones el humor social jugó un papel determinante, en el contexto de la pandemia, que cambió las prioridades y la manera de ver el mundo de la gente. Y en ese sentido, las viejas prácticas del manejo político, relacionadas con los votos cautivos y el “arreo de votos”, empiezan a cuestionarse en un clima de descontento y desesperanza económica de una gran parte de la sociedad. Es sabido que la gente vota con el bolsillo y hoy las finanzas están flacas.
En Neuquén, la pelea electoral que dejaron las PASO está centrada en la tercera banca de diputados, que hoy se disputan el Frente de Todos y la Coalición Cívica-ARI, que encabezan Tanya Bertoldi y Carlos Eguía, respectivamente. Hay dos temas importantes que son una incógnita: el primero es si el MPN, que obtuvo casi 130 mil votos, se trasladará en forma automática a Rolando Figueroa, sin que haya dispersión por descontento interno.
Ya sucedió en las PASO y en la general de 2013, donde la campaña con mucha pirotecnia de Guillermo Pereyra, le terminaron restando más de 50 mil votos. No es el mismo escenario hoy, donde no hay agresiones directas; el segundo es si hubo votos del kirchnerismo que recibió Figueroa en las PASO, quizás por el descontento con el gobierno provincial, a modo de “castigo” y ahora esos sufragios vuelven (o no) a su origen.
Es una teoría difícil de comprobar, porque indica que los dirigentes tienen, de alguna manera, influencia sobre el electorado. Después hay otra hipótesis que indica (sobre todo por la cantidad de votos nulos) que el electorado hace lo que quiere y el voto es tan incierto como sus supuestos dueños.