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La Mañana El Marginal

Lucas Verón, el delincuente que se convirtió en canción

Perpetró grandes robos y está preso en la U11 por un crimen. Ahora escribe canciones y una de ellas será parte de la película sobre la vida del Búfalo Ortíz, interpretado por Sergio "Maravilla" Martínez.

El 15 de julio me junté a tomar un café y charlar con Alejandro “Búfalo” Ortíz, ex pirata del asfalto que se convirtió en campeón del mundo de kick boxing, actor en El marginal y productor. En esta última faceta, está llevando adelante el proyecto de una película sobre su vida en la que lo va a interpretar Sergio “Maravilla” Martínez en su debut en la pantalla grande.

Otro que debutará, me lo contó el Búfalo, es Lucas Verón con “Sueños de libertad”, una canción de su autoría que aparecerá en un momento emotivo del film.

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A partir de esa charla, quedamos en hacer contacto con Lucas Verón, un pibe pesado, muy pesado para lo que es el hampa neuquino. Cuenta con un denso historial de robos y se le sumó un crimen, algo que parecía no estar en su rama de trabajo, que es el escruche y el reviente de cajas fuertes.

Lo cierto es que desde la cárcel comenzamos a charlar con Lucas y me comentó: “Me estoy comiendo un garrón, pero yo voy a respetar los códigos de la calle y no voy a mandar a nadie al frente”.

No obstante, a las sombras del pabellón 4, compone canciones que contienen una interesante crítica social. Además, está estudiando porque pretende rehabilitarse. “Quiero salir de acá siendo alguien que le sirva a la sociedad y pueda ayudar a otros muchachos que cayeron en la mala vida”, aseguró Verón.

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Travieso y cachivache

Lucas nació en el noroeste argentino, en la cuna de una humilde familia numerosa. Solo vivió un año y medio en el barrio Güiraldes, en Resistencia, Chaco.

Allí, su mamá era ama de casa y su papá —ironía de la vida, tal vez—, guardiacárcel del servicio penitenciario federal.

La familia estaba compuesta por siete hijos y sufrió un cambio muy violento cuando trasladaron al padre a la U9 de Neuquén.

A la distancia, Lucas revisó esa mudanza y aseguró: “Los penitenciarios tenían sueldos muy bajos y venir a Neuquén fue terrible, se les hizo muy cuesta arriba a mis viejos”.

Residiendo en Valentina Sur, comenzó sus estudios en la Escuela 101 y ya con 10 años arrancaría con sus primeros hechos menores.

“Yo me subí al colectivo de un compañero que era bastante travieso. Él se descolgó una banda y ahora va a la iglesia", contó Lucas, que recibió asistencia psicológica en la escuela y pese a su conducta, como era inteligente y aprendía rápido, terminó siendo abanderado.

Ese chico inquieto que se metía en problemas fácilmente creció. "Hasta los 14 hice deportes y después comencé mal. A los 15 ya abandoné los estudios y eso fue lo peor que pude haber hecho. Ya a los 16 años estaba remetido en el ambiente delictivo. Mis viejos vieron que era muy cachivache y me mandaron a Chaco. No los hago cargo a mis viejos de nada, pero yo creo que me hizo mal su separación. Estaba en una edad que es jodida y me fui para cualquier lado", advirtió Lucas desde la cárcel.

Chaco, pizza y hampa

De regreso a su tierra natal, Lucas estudió para ser chef internacional, pero como le era muy complicado mantenerse, buscó trabajo.

“Conocí a un chico donde estudiaba que trabajaba en un pizzería. Él me ayudó a entrar ahí, donde cobrábamos 60 pesos el día. Salía tarde en la noche, cuando ya no había colectivos, por lo que me tenía que gastar 20 pesos en taxi”, detalló Verón.

Fiel a su estilo de leer rápido a la gente, Lucas descubrió que el cocinero amasaba algo más que pizzas. “El chabón vendía drogas. Un día me le acerqué y le dije que no me alcanzaba la guita y si no tenía algo más para hacer. Él me hizo el entre con el Chupa, un viejo delincuente y tumbero que vivía a unas tres cuadras del departamento que alquilaba”, recordó el joven.

Al poco tiempo de hacer buenas migas con el Chupa, se fue a vivir a la casa del hampón porque tenía una habitación vacía y a Verón le vino de diez porque andaba viviendo al día.

La oportunidad de sumarse a la banda del Chupa se la supo ganar. Por ese entonces, Lucas Verón estaba decidido a ser un delincuente.

Una tarde de 2012, los criminales estaban organizando un robo a un supermercado del Chaco y no podían resolver cómo meterse sin ser advertidos.

En ese contexto, Lucas brindó la idea que se transformó en la piedra basal del robo. “Yo sé cómo abrirles una puerta”, dijo el pibe ante la mirada atenta de los hampones, a los que les encantó la idea.

El día del robo, Verón, menudito y delgado, ingresó al súper por la puerta y con una cortadora de candados entre la ropa.

“Me escondí detrás de una de las heladeras de lácteos y estuve ahí como tres horas hasta que se retiraron los de limpieza pasada la medianoche. Salí, abrí el candado de la puerta y entró el resto de la banda, que se alzó con un botín de unos 250 mil pesos”, confió.

El Chupa vio que el pibe tenía maña, era ocurrente y atrevido, y le encantó.

En ese primer golpe, Lucas advirtió la magnitud del dinero que había ganado en un ratito. "De sacar 40 pesos por día, pasé a ganar 40 lucas. Eso fue terrible. Me compré una moto, un auto, alquilé un departamento y les mandé 15 lucas a mis viejos a Neuquén. A partir de ahí arranqué, porque era de aprender rápido", resumió el ex ladrón.

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La primera caja y una traición

Verón le agarró rápidamente el gusto a la plata fácil y cada vez que entraba a un comercio, miraba para todos lados, estudiaba, pero ya no para chef.

Fue así que en junio de 2012 fue a comprarse unas zapatillas a una tienda de deportes ubicada cerca de su departamento. De hecho, detrás de la tienda había un estacionamiento donde guardaba todas las noches su moto.

En el local observó el movimiento de dos empleadas que contaban la recaudación y la llevaban a una oficina.

Tras concretar la compra, para no levantar sospechas, se retiró. A la noche, dejó la moto y saltó la pared lindante, donde había un entretecho que daba a un patiecito del comercio justo donde estaban las oficinas.

El dato se lo contó al Chupa, al que le interesó de inmediato, pero Verón le puso una condición: “Que me enseñara a reventar la caja fuerte”. El trato quedó sellado y, con toda la logística realizada por Lucas, terminaron levantando más de medio millón de pesos, dólares y euros.

En ese golpe, el Chupa, que no era ni lento ni perezoso, manoteó los euros y los dólares, y le hizo un chamullo. El pibe comprendió que la vida criminal era por demás traicionera y que el que no respeta códigos tarde o temprano termina mal. Lo cierto es que la relación con el Chupa se quebró a partir de ahí. "Era un sinvergüenza", resumió Verón.

En 2013, el Chupa cayó preso por un entrevero de guita con gente de la política que le soltó la mano y le cobró caro el desajuste de cuentas.

Con el Chupa tras las rejas, Verón, que había armado su propia banda, decidió recuperar la guita que le había caminado el hampón caído en desgracia. Fue así que cayeron a su casa, abrieron la caja fuerte y se llevaron 100 mil pesos.

Mates en fuga

A esta altura de la historia, Verón ya tenía nombre dentro del ambiente, y cuando había datos firmes, lo convocaban porque era ingenioso y pragmático.

En Neuquén, solo tenían novedades de Lucas por la guita que les mandaba a los padres. La mamá se las veía venir, así que decidió hacer un viaje para visitar a su hijo en Chaco. La idea era llegar sin aviso para darle una sorpresa, pero la sorpresa se la llevaría ella.

Antes de que se produjera el arribo de la mamá, justo Verón había sido convocado para dar un golpe a una empresa en Santa Fe que tenía flota de camiones. El entregador, en este caso, fue un empleado.

Lucas y tres delincuentes más viajaron y dieron el golpe en la casa del dueño de la empresa, lo que les reportó unos 140 mil pesos en efectivo y medio kilo de oro. Cuando volvían a Chaco, las cámaras del peaje tomaron el rostro de los dos que iban adelante en el auto. Eran delincuentes conocidos del ambiente, por lo que la Policía agilizó la investigación.

Al regreso de ese golpe, Lucas miró con sorpresa a su madre y la recibió con mucho amor. Fue poco lo que pudo disfrutar con su ella porque, en paralelo, la Policía había detenido a uno de los compañeros y este mandó al frente al resto. Les dije que era un mundillo muy traicionero.

En cuestión de horas, estaba toda la banda detenida, menos Verón, a quien no lo tenían en el radar pero lo estaban buscando.

“Esa primera noche que estaba con mi vieja, me llamó mi abogada y me dijo: ‘Lucas, te tengo una noticia mala y una buena. La mala es que los delataron, están todos en cana y los están trasladando a Santa Fe. La buena es que te andan buscando por todos lados y no te pueden encontrar. Desaparecete un tiempo’. Así que ahí tuve que blanquearle todo a mi vieja”, contó Verón.

Preparó unos mates mientras armaba un bolsito. “En los mates con la vieja no hay mentiras ni engaños. Esa es la charla más pura porque vos sabés que sea bueno o malo lo que hagas, ella siempre te va a perdonar. De todas formas, me estaban buscando y me tenía que rajar, así que le conté todo muy crudo y se puso a llorar", resumió Verón.

La mamá se quedó en Chaco, en el departamento, mientras Lucas se subía a un taxi con destino a Corrientes para luego tomarse un colectivo a Buenos Aires. Una vez en Retiro, dudó mucho en ir hasta la casa de unos parientes y decidió volver a Neuquén, donde se instaló en Valentina.

Anduvo escondido unos días hasta que, una mañana, cayó un camión de mudanza con todas las cosas que tenía en su departamento de Chaco. Su mamá se había encargado de todo. Finalmente, alquiló una vivienda y se instaló en Valentina Norte.

Neuquén, entre robos y aprietes

Durante mucho tiempo evitó delinquir en Neuquén, incluso afirmó: “Cuando pintaba algo, me iba para el norte, daba el golpe y me volvía con mi mochilita para casa”.

Pero con el paso de los días, en Neuquén conoció a ciertas personas del hampa local y, finalmente, el espacio que había reservado para una estancia tranquila también se convirtió en un infierno de adrenalina.

Participó en distintos tipos de hechos como aprietes, robos y asaltos. No solo actuó en la capital provincial sino también en la zona cordillerana.

En esos golpes levantó mucho dinero que así como llegó partió, aunque no todo lo derrochó.

A Verón se le atribuyen hechos que no cometió, pero en honor a la verdad hay que decir que nunca lo investigaron por otros en los que participó. Era un tipo audaz para delinquir.

De hecho, se lo acusó y vinculó al robo en una joyería y en una casa de deportes en el paseo de compras del híper que está a la vera de la Ruta 22. Tras varios años de investigación, recientemente la fiscalía lo sobreseyó por falta de pruebas.

Lo cierto es que en Neuquén, a partir de unos aprietes seguidos de robo, comenzó a andar enfierrado.

"Nunca me gusto el robo con armas. Yo siempre era de buscar la guita, hacer la inteligencia, pero no andaba cargado. En 2014, ya había agarrado fierro", reconoció Lucas Verón, aunque aseguró que nunca lo utilizó, aspecto en el que la Justicia disiente.

El político de Formosa

En medio de los revuelos que Verón tenía en Neuquén, recibió un llamado de una mujer de Formosa que entregó a su hermano, un político. Ese fue el golpe más adrenalínico que concretaron Verón y los suyos.

"Acá en Neuquén estaba todo mal. Ya había caído un amigo en cana y a mí me andaban buscando. Así que me fui para allá en diciembre de 2014, con poco tiempo para armar el golpe porque la casa iba a estar libre solo la noche de Año Nuevo", reveló Verón.

Por ese entonces, irse de la provincia no era tan complicado debido a que las empresas de transporte de pasajeros terrestre no pedían documentación.

Así fue como Lucas se embarcó en una nueva empresa delictiva en el noroeste argentino. En el camino, arregló para reencontrarse con viejos amigos del ambiente chaqueño donde hizo su primera parada.

Ya en Formosa, se juntaron con la mujer de la llamada, quien les dio todos los detalles. Fue una entrega muy prolija, pero el robo era complicado.

La casa tenía alarma, sensores y cámaras por todos lados, encima estaba pegada a una sede de Gendarmería Nacional. Por todo esto, hubo que observar muy bien el lugar durante un par de días.

"El 31 llegamos a las 23:30 y el gendarme que estaba siempre en la puerta entró a brindar, por lo que yo aproveché para saltar a la casa del político por donde ingresaban los vehículos. La casa no tenía gas natural. Utilizaban cilindros grandes que estaban en un gabinete que tenía doble puerta, una al patio y otra que estaba cerrada y daba a la casa. A esa la palanqueé y así me metí. Desconecté la alarma y agarré el DVR de las cámaras", detalló Verón, que tenía muy claro cómo hacer su trabajo.

La tecnología de la época no era tan avanzada. Las cámaras estaban conectadas a un circuito cerrado y al teléfono, por lo que arrancar la conexión telefónica bastaba para desactivarlas. Hoy las alarmas están conectadas a un chip y las cámaras al wifi, por lo que permiten que el dueño pueda observar en el celular cualquier actividad.

Verón no habló de montos, pero las publicaciones de la época daban cuenta de que en ese robo se hicieron con un botín de 120 mil dólares y 800 mil pesos, una fortuna en ese entonces.

Posterior al robo, hubo un encuentro con la hermana del político, que no quiso aceptar un solo peso. "No lo hizo por el dinero, lo quería arruinar por problemas personales", contó con discreción Verón, porque la historia de esa familia fue tan oscura como dramática.

El último asadito con papá

Con su padre, retirado del servicio penitenciario federal, Lucas vivió durante tres años mientras llevaba una vida al límite.

De hecho, el padre murió mientras convivían, pero antes de su deceso tuvieron una charla muy íntima y clara.

“Él se daba cuenta en lo que yo andaba, fue toda su vida penitenciario y la tenía muy clara. Una vuelta nos estábamos comiendo un asadito mano a mano y me dijo: 'Hablemos a calzón quitado. Sé en lo que andás. Yo no me voy a meter en tu vida; así como vos respetás la mía, yo respeto la tuya. Pero tratá de olvidarte de Valentina, porque ese barrio te va a llevar a la perdición'. Me dijo eso y nunca más charlamos el tema”, recordó Verón, quien en esa charla le confesó: “Viejo, me largué a chorear hace un tiempo”.

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El crimen

La vida criminal de Verón continuó y no parecía tener freno, pero el freno llegó y fue un crimen del que él sigue insistiendo en que no fue el autor.

Todo arrancó el 4 de diciembre de 2020 cuando asesinaron a Lucas Soazo. Ahí se lo intentó vincular a Verón, pero en ese entonces él se presentó en la Policía y se puso a disposición de la Justicia.

Verón, al momento del crimen de Soazo, había estado en un asado con amigos a los que frecuentaba en el barrio San Lorenzo.

Por ese crimen quedo detenido y acusado Gustavo Gruich, de 36 años.

Pero en Valentina Sur –Ciudad Luz, como se la conoce, porque a la noche se llena de autos y motos que van a comprar droga al menudeo— las relaciones entre los Soazo y Verón se habían tensando mal.

El 22 de enero de 2021, la teoría del caso dio cuenta de que el hermano del detenido por el crimen de Lucas Soazo, Luis “Cony” Gruich, junto con Lucas Verón, que iba al volante de un vehículo, tuvieron un incidente en inmediaciones de la casa de los Soazo, en la plaza de calle Choele Choel de Valentina Sur. En la sentencia se afirmó que Verón amenazó con un arma a Juan Manuel y Manuel Jesús Soazo, hermano y padre de la víctima.

Alejandro Polanco, de 19 años, intervino para poner paños fríos y recibió un tiro en el pecho que le provocó la muerte en el acto.

Lo cierto es que Verón se entregó a las 72 horas, fue detenido y acusado de homicidio agravado por el uso de arma de fuego y, posteriormente, un tribunal colegiado lo condenó por unanimidad.

Ninguno de los recursos presentados prosperó y ahora presentaron un recurso extraordinario federal a la espera de que la Corte Suprema de Justicia de la Nación resuelva.

Un garrón

"Del homicidio te puedo decir que yo no fui. Dicen que andaba en la misma camioneta del robo de la joyería, y ya se demostró que yo no robé en la joyería. Y juro por mi hija que yo a ese tal Cony no lo conozco. Hay muchas injusticias en mi caso", afirmó Verón.

"Ni los fiscales ni los jueces viven en Valentina, ellos no saben cómo es la cosa ahí. Ellos se dejaron llevar por la historia de las víctimas. Hay uno de los testigos que declaró que me vio, pero estaba en la casa que queda a la vuelta del lugar del crimen. ¿Cómo pudo haber visto algo si estaba en su casa? Yo estaba en el barrio San Lorenzo comiendo un asado esa noche”, aseguró el joven.

“Me estoy comiendo un garrón con esta causa y yo me voy a hacer cargo porque no quiero mandar en cana a nadie, porque yo tengo códigos", aseveró Verón, que fue condenado a 14 años y tres meses de prisión.

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Entre barrotes y canciones

Los primeros meses tras las rejas, la pasó mal.

“Acá vos te levantás pero no sabés si te vas a acostar. También es cierto que hay muchos pibes que tienen ganas de rehabilitarse”, contó.

Lucas retomó los estudios en la cárcel y espera poder hacer un tratamiento psicológico para ordenar varios aspectos de su vida.

“A mí me pintan como un cuco que no soy. Acá con los pibes trato de que no hablemos de cosas vinculadas al delito, pero no todos pensamos igual. Pasa que acá adentro es muy difícil todo, porque a veces te buscan la boca, pero yo no les doy cabida, los dejo que hagan su trabajo y me callo", confió Verón.

Fue en medio de tanta sombra que encontró en la música y la composición de canciones una forma de escapar mentalmente del encierro.

“Escribir fue como una terapia para tratar de salir adelante y desahogar el dolor, el encierro y la presión. También es una forma de defenderme y mostrar que no soy tan así como la contaban”, se sinceró Lucas, y dijo que la primera canción que escribió fue para su esposa.

Respecto de la canción que llegó a oídos del Búfalo Ortíz y que será parte de la película, contó sus orígenes. “Surgió en el patio. Siempre que salgo, miro el cielo y pienso mucho. Así fue como nació ‘Sueños de libertad’. Ahí cuento un montón de cosas que pasan en el ambiente donde hay mucha envidia y mala onda. Además, rescato lo importante que es la escuela. Ahora los pibes con 12 años andan enfierrados, tomando merca y fumando porro. La idea es darles un mensaje a los pibes para que no crean que el que anda con autos y guita vale y el resto no. No se tienen que comer esa gilada. Hoy estás en la cima y al día siguiente estás en la lona, así me pasó a mí”, confió el joven, que sumó meses atrás una causa por asociación ilícita por estafas.

De acuerdo con la Fiscalía de Delitos Económicos, en su estadía en la cárcel hacía llamadas por teléfono para sacarles los números de tarjeta a jubilados y con eso concretaba compras en Neuquén.

Esa es la última causa con la que cuenta en su haber, pero Verón asegura que no tiene nada que ver.

Lo cierto es que desde que entró al Pabellón 4 de la U11, las cosas han cambiado bastante y hasta pintaron todo de punta a punta. “Hoy en día, es uno de los pabellones más tranquilos. Hay penitenciarios y profesores que nos están ayudando mucho. Ganamos talleres, estamos estudiando y hasta tenemos visita pastoral. Estamos haciendo grafitis en el patio”, detalló con entusiasmo.

“A futuro quiero ver si canto mis letras y si hago una película. A mí el Búfalo me está ayudando una banda, así que le estoy dando para adelante. Yo tengo que sentirme bien conmigo y mi alma, porque yo no vivo de los que me critican”, concluyó Verón, que tiene muchos proyectos en mente, pero sabe que para poder llevarlos adelante tendrá que sobrevivir al día a día dentro de la cárcel, algo que no es sencillo.

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