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Luis Vicente Ramón, pionero de la medicina neuquina

Ahijado del político socialista Alfredo Palacios, fue contemporáneo del doctor Eduardo Castro Rendón. Desde 1939 vivió en una casa de Avenida Argentina 54 donde tuvo su consultorio. Antes creó el Comité Neuquén de la Sociedad Argentina de la Cruz Roja.

Por Vicky Chávez

Neuquén > En la edición anterior historiamos acerca del nacimiento de la Asistencia Pública en 1913 donde nos referimos a la trayectoria del doctor Eduardo Castro Rendón.
Cuando de escribir la historia local se trata, los mejores aliados son los descendientes de los protagonistas. Las fotografías y relatos por ellos atesorados constituyen fuentes privilegiadas de la vida y, por añadidura, de la época a reconstruir. El caso del doctor Luis Vicente Ramón no escapa a este precepto. Su hija mayor, Martha, más conocida como "Pupi", narró la vida de aquel médico que se “animó” a encarar esta desértica estepa y que aportó su sabiduría para que el Plan de Salud llegara a ser todo un ejemplo en el tiempo por venir.
Luis Vicente Ramón nació en La Plata un 21 de junio de 1899. Era hijo de Felipe Ramón, uruguayo, y de Eulalia Ribo, entrerriana.
Realizó sus estudios universitarios en Buenos Aires, porque en esos tiempos en La Plata aún no había Facultad de Medicina.
Ramón fue ahijado de Alfredo Palacios, el político socialista más influyente de la Argentina del siglo XX. En la casa familiar podían hallarse manuscritos de proyectos de leyes del célebre jurista: verdaderas reliquias, plenas de valor histórico.
 
Arribo a Neuquén
Luis Ramón trabajaba en el Hospital de Ensenada, provincia de Buenos Aires, pero un colega y amigo se enfermó, y por eso Luis tomó la decisión de venir a reemplazarlo. Llegó a Neuquén un 1 de octubre de 1930. Formó su familia con Elvira Marta Seifert, con quien se casó el 27 de  mayo de 1931.
Elvira nació el 10 de diciembre de 1903, en Casilda, Santa Fe. Su padre era descendiente de alemanes y su madre argentina. Era farmacéutica y profesora de Química y Mineralogía, recibida en la universidad platense. El matrimonio tuvo cinco hijos: Martha (docente de Escuela Especial), Ernesto (comerciante), Luis (fallecido tempranamente), Carlos y Jorge (ambos médicos), los que les dieron diez nietos y bisnietos.
 
Actividad comunitaria
Luis y Elvira tuvieron una enorme actividad comunitaria, sin dejar de lado sus tareas profesionales.
Nos cuenta Martha que su madre “siempre nos contaba una anécdota muy graciosa con respecto a su nombramiento en la Escuela Nº 2. Ella era maestra titular en una escuela de Wilde, partido de Avellaneda, y como quería casarse con papá y radicarse en Neuquén, fue al Ministerio del Interior para solicitar su traslado. El ministro, según su relato, se agarraba la cabeza. '¡A un Territorio Nacional, señorita!' Lo cierto es que la hizo esperar y le dieron, esa tarde, su nombramiento que decía: 'Se la nombra en la escuela que está en la Avenida Argentina, enfrente de la casa del señor Guiñazú'. De más está decir que era la casa que mi padre había alquilado, para instalar su consultorio y su nuevo hogar, en la esquina de Avenida Argentina y Alberdi”.
Efectivamente, Ramón había alquilado dicha casa a Emilio Guiñazú, donde se ubicó la pizzería Piazza Albertina .
En 1939 se mudaron a la casa de Avenida Argentina 54, donde Ramón tuvo su consultorio y vivió hasta su muerte el 10 de agosto de 1975. Su esposa Elvira falleció el 26 de febrero de 1988.
 
Deporte y río Limay
“Papá fue siempre muy buen deportista, se destacó como remero, logrando grandes e importantes triunfos en el Club Regatas de La Plata. En Neuquén fue un enamorado del río Limay, al que íbamos todos los días a nadar, en épocas en que casi nadie se atrevía. Recuerdos de esos tiempos en el río a Otto Max Neumann y su familia, igual que a la familia Mones Ruiz”, contó Martha.
 
Instituciones
Luis Ramón integró la comisión organizadora y fundadora de la Cooperativa CALF, participó del nacimiento del Tenis Club, colaboró con los clubes Pacífico, Independiente y Biguá, y fue socio fundador del Rotary Club.
Respecto de su función médica, Ramón fue creador del Comité Neuquén de la Sociedad Argentina de la Cruz Roja, establecido en 1935. Una de las primeras enfermeras diplomada fue Aurora Eugenia Muñiz de Ruiz.
Ramón también inició un curso de Samaritanas que fue dictado por él y otros colegas. Asistieron varias mujeres que luego fueron voluntarias de la Cruz Roja. También fue médico del Centro Materno Infantil, del distrito 22 de Correo y Telecomunicaciones, médico laboral de la empresa constructora que edificara el Puente Carretero que une a Neuquén con Cipolletti, y como delegado sanitario nacional recorrió toda la provincia con la finalidad de erradicar el Mal de Chagas.
Junto a los doctores Rafael Vitale, Emilio Zingoni, Natalio Burd, entre otros, fundó en 1946 la Clínica Privada, el Sanatorio y Maternidad Neuquén, en la calle Brown 162. En 1948, la clínica se trasladó a la calle Rivadavia y se transformó en lo que hoy es el Policlínico Neuquén.

Otras funciones y labores
En 1941, Ramón fue designado presidente del Concejo Municipal. Luego, en épocas de la Revolución Libertadora, fue ministro de Bienestar Social.
“Junto a mamá –nos dice Martha– trabajaron para lograr la creación de una escuela secundaria, lo mismo que una escuela de enfermería".
Por su parte, Emilia trabajó como docente y como era farmacéutica, se desempeñó en distintas farmacias como regente, sobre todo en la Farmacia del Pueblo. A dicha farmacia sus hijos recuerdan con un cariño muy especial, ya que la familia trabó amistad con la de su propietario, Javier Salvadó, vínculo que perduró toda la vida.
 
Remembranzas
“Mis padres eran unos enamorados de la provincia y tuvieron grandes amigos, integrantes de las viejas familias neuquinas, nuestros tíos y abuelos del corazón, con quienes compartimos nuestra infancia. Siempre valoraron ese espíritu solidario que tenía la gente en aquellos tiempos. Y aquí estamos hoy, sus cuatro hijos con nuestras familias, nietos y bisnietos, recordándolos siempre con cariño, alegría y orgullosos del legado que nos dejaron”, describió Martha.
 
Un libro familiar
Una descendiente de Emilia Seifert, Amalia María Calandra, narra en su libro “Llegadas y partidas. Historias de una familia viajera” el inicio de tan grande y prolífica familia que se iniciara con el casamiento del alemán Waldemar Seifert y la norteamericana Rosa Bürki.
Lo cierto es que el padre de Waldemar, Ernesto Seifert, recaló en la Argentina para trabajar en la sucursal de la empresa molinera Siemens en nuestro país. Por otra parte, Calandra expone la hipótesis del arribo a nuestro país de los Bürki: “En los cantones suizos vivían varios hermanos Bürki con sus familias, y suponemos que por cuestiones económicas o atraídos por las fantasías que despertaba el Nuevo Mundo, decidieron emigrar. La mayoría partió para el sur, pero uno de ellos, Juan, optó por partir al hemisferio norte, a Estados Unidos, y se afincaron en la ciudad de New Jersey”.
Así fue que el matrimonio de Juan Bürki y María Reber, junto con su hijita Ida, dejó las costas europeas a mediados del siglo XIX para instalarse en Estados Unidos. Cada tanto recibían tardías cartas de sus parientes que habían emigrado a las colonias suizas de nuestro país, afincadas en la provincia de Santa Fe. En ellas, la familia “argentina” los instaba a que se vinieran, que aquí las condiciones eran favorables. Las palabras, por fin, hicieron su trabajo: Juan y su familia se instalaron en nuestras tierras.
Contratado por otra empresa molinera en 1909, Ernesto decidió trasladarse con su familia a La Plata, ciudad en donde ya había estado para la construcción del puerto.
Y es en esa ciudad donde se casarían sus hijos: “Se casó Elvira con Luis Vicente Ramón y es entonces que se hace una reunión familiar donde todas sus hermanas se visten con las mejores galas. Después de la fiesta, los novios partieron de luna de miel para, posteriormente, ir a Neuquén donde Luis estaba instalado como médico”.
El libro destaca los cambios de Neuquén a través del tiempo. “Parece mentira que cuando hoy vemos la pujante ciudad de Neuquén, alguna vez fue un pequeño poblado con pocas casas bajas y calles que al compás de los vientos hacían volar su tierra”.
“Allí –prosigue su relato Calandra, refiriéndose a estas tierras neuquinas– Elvira, que era farmacéutica, no utilizó su título para montar una farmacia, sólo fue regente de farmacias ajenas hasta los ochenta años, también maestra y luego profesora. Su esposo no quería que pensaran que para favorecer a su esposa él enviaba a los pacientes a comprar remedios a su farmacia. Ética, esa es la palabra que en ese momento no  parecía algo raro, como hoy en día”.
“Entre los Seifert, hablar de Neuquén era referirse a Elvira y Luis. Vivían en esa casa enorme estilo Bauhaus muy en boga en esos tiempos. El consultorio de Luis se encontraba en la misma edificación. Elvira tenía un enorme comedor amueblado con modernidad como si su casa estuviera en pleno centro porteño”.
Esta es la historia de una familia suizo-alemana-norteamericana- que se asentó en la Argentina en los siglos XIX y XX. Una de sus descendientes, Elvira, trazó una historia personal en estas tierras a partir de 1931 junto a su esposo, Luis Vicente Ramón, historia que se hizo de todos en virtud de sus perennes frutos. Aquí quedaron sus obras, sus sueños y lo más importante: sus descendientes, que los recuerdan con mucho afecto.