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Malvinas es cosa de mujeres: tres veteranas recuerdan la guerra 40 años después

Ofrecieron un conversatorio en Neuquén para visibilizar el aporte femenino al conflicto bélico, que fue muchas veces olvidado.

Una punta de lanza. Así se define Liliana Colino cuando le preguntan por su rol en las Fuerzas Armadas y, especialmente, por el papel que le tocó ocupar en 1982, cuando participó de la guerra de Malvinas. Como una punta filosa, Liliana hizo la incisión necesaria para abrirse camino, para penetrar la dura piel de una estructura machista y demostrar que sí, que ellas también podían entregar una necesaria cuota de heroísmo cuando la Patria se los demandaba. Y hoy, a 40 años de la gesta de Malvinas, su título de veterana comprueba que la historia bélica argentina también tiene nombre de mujer.

Liliana Colino, Marta Giménez y Silvia Barrera visitaron la ciudad de Neuquén en una histórica convocatoria a veteranos, veteranas y familiares de combatientes de Malvinas. Algunos neuquinos se sorprendieron al conocerlas. Se imaginaban a los protagonistas de esa guerra sólo como hombres que empuñaban armas en el frente de batalla, o como los colimbas que combatían el viento helado de esas islas del sur sin el entrenamiento suficiente para afrontar semejante crueldad. Pero no pensaban en ellas: tres mujeres que, sin disparar un solo tiro, sintieron la guerra a flor de piel e hicieron un aporte fundamental para el despliegue de las armas.

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Liliana era parte de la Fuerza Aérea. Había entrado como enfermera y se hacía lugar a paso firme en un ambiente donde las mujeres no eran moneda corriente pero donde no se sentía relegada. "Siempre sentí muestras de compañerismo", relató sobre sus compañeros varones. Cuando se anunció la recuperación de las Islas Malvinas, supo de inmediato que más temprano que tarde iba a ser convocada para prestar sus servicios a los soldados heridos. Y así ocurrió.

Llegó al hospital reubicable de Comodoro Rivadavia para trabajar en el área de terapia intensiva. Aunque las fechas ya se le difuman, recordó el hundimiento del ARA Belgrano como el primer sonido de un despertador. Fue entonces cuando la guerra se hizo tangible para el personal de enfermería, cuando supo que los soldados iban a llegar a sus camillas como pacientes graves, o que iban a morir ante sus intentos vanos de salvarles la vida.

Además de las atenciones para los cuerpos malheridos, Liliana prestaba también una contención emocional que muchos combatientes de baja sólo hallaban en su mirada. "Me veían y me decían que me parecía a su hermana, o a su prima", recordó la veterana. En esos rostros femeninos que los soldados dibujaban sobre la propia cara de Liliana había también una dosis de cercanía, de familiaridad, de calidez de hogar que ella les daba y que, a veces, curaban más que otras medicinas.

Para Marta Giménez, la guerra no era un destino inexorable, pero sí una decisión consciente que tomó para hacer su aporte a la soberanía nacional. Como parte de la Marina Mercante, se abocó al apoyo logístico del conflicto bélico: en el buque, recorrían los puertos de la Patagonia para abastecer a otros navíos de agua, combustible, armamento y víveres para sostener el combate en las islas. Y afrontaba las noticias de los hundimientos como pérdidas irreparables que nunca podían volverse cotidianas.

Aunque a Marta le preguntaron si quería desembarcar, no dudó en ofrecerse como voluntaria para la guerra de Malvinas. Pero sí le costó regresar. "Llegué a mi departamento en Capital y no pude salir a la calle y enfrentar a la gente", relató. Con miedo a ser vista como la cara de la derrota y con el dolor que le producían esos silencios incómodos y las miradas evasivas de una sociedad que les daba la espalda, prefirió encerrarse dos meses sin ver a nadie.

"Pero me di cuenta que tenía que volver a salir adelante, llamé a mi familia y me volví a Mar del Plata para estar con ellos", recordó. Y así, se puso otra vez de pie para recorrer una nueva trayectoria, para formar una familia y para seguir dando testimonio, 40 años más tarde, del rol que tuvieron las mujeres y que va más allá del acompañamiento a sus esposos soldados: en su caso, consistió en trabajar a la par de ellos en tareas complementarias pero fundamentales para los combates.

"Ellas vivieron una doble desmalvinización; una fue la que sufrieron todos cuando regresaron de la guerra tras la derrota, y la otra fue la que vivieron por el hecho de ser mujeres", reflexionó María Eugenia Ferraresso, ministra de Mujeres y Diversidad de la provincia de Neuquén, durante un conversatorio que ofrecieron las veteranas en el marco del desfile de veteranos y veteranas que se organizó por el aniversario de la ciudad. Y aclaró que su aporte activo a la guerra fue muchas veces invisibilizado. Hoy, con mucho camino recorrido en pos del empoderamiento de la mujer, sus historias se rescatan del olvido para ofrecer una lección necesaria.

Silvia Barrera, una instrumentadora quirúrgica que hizo un aporte fundamental a bordo del ARA Almirante Irizar durante el conflicto de Malvinas, fue homenajeada en La Pampa y explicó que su figura pasó a formar parte de la historia argentina en un mosaico que aún es difuso para los alumnos más pequeños de la escuela que lleva su nombre. "A veces me preguntan si lo conocí a Belgrano", dice entre risas, y aclara que en esa línea de tiempo algo desordenada, los más chicos se animan a ponerle rasgos femeninos a sus próceres.

https://twitter.com/mageferranqn/status/1571178936146575362

Con apenas 23 años, se alistó como voluntaria para ejercer su oficio como una de las pocas mujeres vestidas de verde en ese hospital militar. Y aunque la guerra le dejó heridas profundas que forjaron su carácter, también le permitió rescatar la humanidad en medio de los soldados desgarrados y entre los cortes emanantes de sangre y el dolor omnipresente. Años después, cuando conoció a una enfermera inglesa de un buque enemigo y supo que ella curó las heridas de soldados argentinos, entendió que las dos no eran demasiado diferentes.

Y así lo supo. Hay una historia humana detrás de cada veterano y cada veterana. Y aunque mucho se dijo en 40 años sobre los hombres en los frentes de batalla, las tres señalan que aún hay una deuda pendiente: contar la historia verdadera de las mujeres que hicieron historia hace cuatro décadas en la gesta de Malvinas, un capítulo de la historia que tiene héroes. Pero también tiene heroínas.

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