Incontaminado
Como
integrante de la Cámara Argentina de la Industria Electrónica (CADIE)
entendió que los problemas que aquejaban al rubro eran
preponderantemente económicos, por lo que comenzó a estudiar hasta
formarse como un economista autodidacta, para lo que contaba con varias
facilidades: 1) su formación técnico-científica previa, 2) su práctica
en la economía concreta y 3) como dijo Joan Robinson refiriéndose a
Kalecki, tenía “la gran ventaja (de que) nunca había aprendido economía
ortodoxa”.
Disgustado con el desarrollo de los economistas clásicos
y, en especial, con la ortodoxia neoclásica, tampoco lo convenció el
trabajo de Keynes, cuya teoría de corto plazo está pensada para un
capitalismo desarrollado y con problemática distinta a la de América
Latina, que estaba iniciando el proceso de industrialización. Por el
contrario, encontró apoyo en el libro de Friedrich List, “Sistema
nacional de economía política”, considerado el fundador teórico del
proteccionismo en el comercio internacional, que le abrió otro panorama
del pensamiento económico. A partir de allí elaboró su pensamiento en
forma independiente aunque tuviera líneas coincidentes con el
estructuralismo latinoamericano, cuya base era la CEPAL, dirigida por
Raúl Prebisch.
Diamand vio que en su época el problema central de la
economía pasaba por la Balanza de Pagos y en sus trabajos sostuvo que
la política ortodoxa pregonada por el FMI era errónea, así como el
endeudamiento externo como solución al déficit comercial, que era una
salida a corto plazo pero que se convertiría en boomerang en el futuro.
La estructura desequilibrada
En
1973 publicó su libro “Doctrinas económicas, desarrollo e
independencia” que va camino a convertirse en un clásico y que lo mostró
como un original pensador de la heterodoxia económica. La idea central
es que nuestros países, para modernizarse, tienen que industrializarse,
posición coincidente con la CEPAL, pero como otros sectores de estas
economías tienen productividades muy diferentes –por sus recursos
naturales y por sus historias, como ocurre con la actividad
agropecuaria en la Pampa Húmeda argentina- para que la industria se
afiance y crezca se necesita, o bien una alta protección aduanera (como
tuvieran todas las economías desarrolladas en el Siglo XIX) o, de lo
contrario, un tipo de cambio diferencial adaptado a sus respectivas
productividades.
Productividades
Diamand
insiste en la idea de que la productividad no es un concepto
valorativo, sino una simple determinación aritmética: es el cociente
entre producción y las horas de trabajo requeridas para lograrla;
entonces no es de extrañar que los países desarrollados tengan una
industria más productiva que la nuestra, por historia, acumulación de
capital y amplitud del mercado y, por otro lado, que nuestra agricultura
extensiva tenga mayor productividad que la europea, producida en
minifundios. Son realidades distintas.
Para Diamand el tipo de cambio
debe ser diferencial según la productividad de cada sector. Corresponde
al Estado lograr esta equiparación. Así, en Europa, Estados Unidos y
Japón, la menor productividad de sus respectivas agriculturas
comparadas con la internacional se compensa con subsidios. En
Argentina, con un tipo de cambio único como existe actualmente, las
retenciones a las exportaciones agropecuarias cumplen esa función; sin
ellas la industria no tiene futuro.
Influencia política
Los
planteos teóricos de Diamand influyeron en el pensamiento de José Ber
Gelbard y de la Confederación General Empresaria (CGE), participando de
diversas entidades gremiales y exponiendo sus ideas en cuanto foro le
diera oportunidad. También dio clases universitarias, en La Plata
(Universidad Católica) y en Estados Unidos.
Cuando se aplicó el plan
neoliberal con Videla y Martínez de Hoz, vio que la actividad industrial
en Argentina iba a desaparecer, por lo que inició una liquidación
gradual de su empresa.
Fue muy crítico con el plan de
convertibilidad de Cavallo-Menem. Durante muchos años en la UIA
perteneció a una corriente minoritaria que se oponía al neoliberalismo,
hasta que en 1998, conjuntamente con Hugo Notcheff, logró que se
publicara una recopilación de trabajos críticos bajo el título “La
economía argentina actual”.
Murió en Buenos Aires el 20 de junio de
2007. Nunca fue plenamente aceptado por la economía académica –dominada
por la ortodoxia- ni por el “establishment” local, cosa que no creo que
le haya causado especial preocupación.