Martín Sabbatella: “El debate político en la Argentina ha desenmascarado a muchos”

El diputado nacional dice que apoyará al Gobierno en las elecciones de 2011 y critica al progresismo opositor de “ser funcional a la estrategia de la derecha”.

Por PAULA BISTAGNINO

Lleva dos tercios de su vida en la política, desde que a los 13 años empezó a militar como estudiante secundario al calor de la apertura democrática. Por herencia familiar dio los primeros pasos en el peronismo, pero pronto descubrió que sus ideas eran demasiado “zurdas” para encajar ahí y viró hacia la izquierda. Los ‘90 lo encontraron formando una agrupación propia e independiente, hasta que se sumó al Frente Grande y luego al Frepaso. La Alianza le permitió, con sólo 29 años, llegar a la intendencia de Morón en 1999. A partir de ahí, Martín Sabbatella construyó un camino político propio que convirtió a ese partido bonaerense –que gobernó por una década- en un especie de oasis del progresismo y la anticorrupción y lo puso a él en el centro de la escena política nacional. Sobre todo después de que el Wall Street Journal le dedicara una nota de tapa en 2003, con el título “Una lucha en solitario contra la corrupción en la Argentina”.
El paso siguiente fue el Congreso, donde asumió como diputado en 2009. Hoy, a los 40 años, su nombre es uno de los que prometen pisar fuerte en la pelea electoral de 2011 por la gobernación de la provincia de Buenos Aires, aunque él aún no quiere confirmarlo. Lo que sí asegura, sin dudarlo, es que su partido, el Encuentro por la Democracia y la Equidad (EDE), no presentará candidato a presidente porque han decidido apoyar el rumbo nacional.
 
¿Influyó la muerte de Néstor Kirchner en esta decisión?
Ha puesto en debate el kirchnerismo con mayor fuerza y obliga a un balance en la sociedad, para mí altamente positivo, que le da visibilidad a muchas cosas. Y en este balance, nuestra mirada es la de acompañamiento y reconocimiento del rumbo que vive la Argentina. Creemos que es necesario profundizarlo y protegerlo, para defender lo que se hizo y para cuidar un camino que permite la posibilidad de avanzar en lo que falta.

¿Quién puede garantizar la continuidad de este rumbo?
Yo creo que no hay nadie, excepto Cristina, que garantice la defensa y profundización de este rumbo y que, además, lo exprese con claridad de triunfo. Nosotros tenemos la firme decisión de acompañarla, siempre y cuando ella defina su candidatura, algo que aún no ha hecho. Y vamos a hacerlo en cualquier escenario y con cualquier ingeniería electoral. Luego, en términos provinciales y municipales, tendremos nuestra propia propuesta, que aún se está armando.

¿Qué le reconoce al kirchnerismo como para tomar esta decisión?
Son muchas cosas. La huella más profunda tiene que ver con empujar la frontera de lo posible, con devolverle a la política la capacidad de entusiasmar y de movilizar a miles y miles. Pero además, la recuperación de la política interpelando el poder, alimentando el debate democrático, subordinando la economía a la política y sobre todo rompiendo la lógica del paradigma de los ‘90, que se inició con la dictadura militar, y que permite también volver a poner temas en la agenda política y pública que se habían querido clausurar: el rol del Estado, el valor de lo público y la idea de que la Argentina tiene un rol que jugar en la construcción de esa patria grande latinoamericana que soñaban nuestros próceres. Esta agenda, que irrumpe en nuestra vida política en 2003, además genera políticas públicas concretas que impactan en la vida cotidiana de millones de personas.

¿Esto es más fuerte que las contradicciones del proceso que usted mismo vino señalando en estos años?
Lo es en este momento. El kirchnerismo ha tenido estos logros en un proceso con claroscuros. Eso es indiscutible. Pero lo que hoy nos preocupa es que no haya sintonía entre el gran debate político nacional y la construcción política en los territorios, provincias y municipios. Se sostiene un nuevo rumbo sobre las mismas estructuras y prácticas políticas. Y eso tiene un gran riesgo porque esas estructuras son pragmáticas y, por lo tanto, funcionales a cualquier ideología. Yo estoy convencido de que estas estructuras están con el kirchnerismo por conveniencia y no por convicción. Entonces ahí hay una gran debilidad, porque cuando no les convenga, no están más. La estructura del PJ se puede poner en una góndola y se vende al mejor postor. Lo que no quiere decir que, dentro de esa estructura, no haya una gran franja kirchnerista genuina y con vocación transformadora. De ellos sí nos sentimos muy cerca. Pero nosotros creemos que es necesario que surjan nuevas fuerzas políticas y sociales que sean capaces de renovar la política. Hay miles debatiendo esto. Algunos creen que hay que pelear desde adentro de las estructuras y otros creemos que eso es imposible. Hay que construir otros caminos, que recojan lo mejor de la historia y que se nutran de las identidades políticas populares, pero que rechacen las estructuras de hoy. Si no lo hacemos, se va a perder una oportunidad histórica.
 
Usted es uno de los pocos que ha logrado pararse en un punto de vista gris respecto del Gobierno, algo que pareció imposible en los últimos años. ¿El kirchnerismo nunca quiso fundirlo en su partido?
En un primer momento sí. Pero una vez que quedó clara nuestra posición ya no. Nosotros hemos podido pararnos en este lugar justamente porque conservamos nuestra autonomía. Autonomía que no es neutralidad ni equidistancia, sino una manera de comprometerse aún más profundamente con lo que pasa. La autonomía nos permite, en términos de rumbo nacional, bancar con fuerza lo que está bien y al mismo tiempo interpelar el presente para ir por más. Pero es necesario dejar en claro que lo hacemos desde adentro del proceso. No es que te sentás al costado, criticando y viendo si va bien o mal, y entonces actuás según lo que pasa. A nosotros no nos da lo mismo si se avanza o se retrocede. Y esa autonomía nos permite eso y también, en términos de construcción política, tener proyectos alternativos en las provincias y en los municipios para enfrentar a esas estructuras que para nosotros expresan lo contrario de lo que pasa en términos nacionales. La contradicción, por ejemplo, entre lo que expresa el gobierno nacional y gobernadores como (Daniel) Scioli, (Gildo) Infrán o (Juan Manuel) Urtubey es muy profunda. Nuestra fuerza política se cuenta en estas dos expresiones: luchar contra estos personajes y bancar el rumbo nacional. Porque el otro camino, el que propone la derecha conservadora es retroceder hacia el modelo neoliberal de la exclusión y la impunidad, el de las relaciones carnales en vez de la integración regional. Eso es lo que ya vivimos y sufrimos. Hay dos avenidas. Esa es la otra, la de enfrente.

Dentro de su avenida también hay todo un sector que está intentando reunirse de cara a formar un frente progresista. ¿Qué le impide estar ahí?
Las fuerzas progresistas hemos estado buscando caminos comunes. Pero la profundidad del debate político en la Argentina ha desenmascarado a muchos. Y nosotros creemos que todas las fuerzas auténticamente populares y progresistas en la Argentina no pueden tener dudas de que hay que enfrentar a la derecha conservadora y eso hoy implica defender un rumbo. Ellos no comparten esta mirada. Hay una parte de las fuerzas progresistas que dicen que lo que vivimos es más de lo mismo. A mi me parece muy hipócrita esa postura. No es lo mismo indulto que políticas de Derechos Humanos, no es lo mismo Asignación Universal por Hijo que nada, no es lo mismo esta Corte Suprema que la del menemismo, jubilación privada que estatal. Yo no puedo creer que alguien diga, sin ponerse colorado, que es más de lo mismo. Entonces todos esos sectores que se identifican con la familia progresista, como Proyecto Sur o GEN y dicen esto, se convierten en la pata progresista  de la estrategia de la derecha. Porque, por no reconocer nada, se oponen a todo y entonces su marco de alianza natural es todo quien se oponga. Y la oposición está hegemonizada por un pensamiento de derecha conservadora. Desde la banca se puede tener un discurso que vaya por más. Pero si vos les das mayoría a ellos, en la práctica, estás yendo por menos.

¿Quiénes son los líderes de esa derecha?
La derecha no ha tenido históricamente un partido político en la Argentina. Ha sido el Partido Militar, luego se ha expresado a través del PJ con el menemismo, y si no, busca estrategias. Eso es lo que hace hoy a través del Peronismo Federal o Disidente, que busca armar una derecha con cierto anclaje popular. Después está el radicalismo, que más allá del perfil individual de los candidatos, busca construirse como una suerte de derecha republicana con la Coalición Cívica. Todavía hay que ver que hacen, pero ahí tenemos a Lilita Carrió, que es una señora que se entrena a la mañana para ver cómo puede ser más reaccionaria a la tarde. Todos esos sectores pronosticaron un caos y, como eso no pasó, ahora quieren generarlo. Entonces lo único que hacen es poner palos en la rueda. Y luego, estos sectores que supuestamente no coinciden ideológicamente, pero que le hacen el juego a esa estrategia. El papelón del tratamiento del Presupuesto lo único que hizo fue clausurar un debate con una trompada. Y encima, en nombre de la República y la calidad institucional. O sea una trompada republicana.  Bochornoso. Yo creo que lo que buscan es degradar la política, que se decidió a interpelar el poder que ellos quieren defender. Porque lo que han querido es convertir el Congreso en una suerte de buffet de abogados de los intereses corporativos concentrados. A mí, que la derecha conservadora argentina tenga esa estrategia no me sorprende. Pero ver a algunos compañeros o compañeras de una familia ideológica común siendo funcionales a eso, a mí me duele. Es un error histórico profundo.

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