La crónica diaria refleja todos los días títulos referidos a la inseguridad, conflictos sectoriales y a una tribuna de campaña dominada por las chicanas entre los candidatos. El problema de las viviendas no aparece, de momento, como una urgencia para nadie; apenas se menciona, aunque en clave demagógica. Lo cierto es que tampoco nadie promete nada con la creencia de que el problema no es tan grande como parece. En el oeste, mientras tanto, el fenómeno de las tomas sigue tan latente como hace un mes. Aún persisten dos ocupaciones de espacios públicos en vías de consolidación. Las usurpaciones son también manifestaciones de un mismo fenómeno, tan difíciles de ocultar como la falta de imaginación de quienes deberían dar las respuestas.