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Menos ideas que alquileres

Alfredo Enrique
Si la crisis habitacional ocupara el lugar que corresponde en la agenda de los funcionarios y políticos en campaña, hoy Neuquén no debería estar discutiendo si se abre o no una oficina para defender a los inquilinos, sino cómo hacer para conseguir los recursos necesarios para la construcción de viviendas. Hasta la Unión de Inquilinos Neuquinos llegan quejas de locatarios que dan cuenta de los requisitos cada vez más insólitos (por no decir voraces) que imponen los propietarios de viviendas en alquiler. Desde rehusarse a celebrar contratos a matrimonios con niños, a cláusulas de reajustes de hasta cinco mil pesos de un año para el otro.
Si no se toma nota de la magnitud del problema, se corre el riesgo de perder la perspectiva del mismo. Y, peor aún, que se termine mirando el asunto de un modo equivocado: aplicando más energía a defender a la gente de los abusos, en vez de empezar a corregir las distorsiones de raíz.
La crónica diaria refleja todos los días títulos referidos a la inseguridad, conflictos sectoriales y a una tribuna de campaña dominada por las chicanas entre los candidatos. El problema de las viviendas no aparece, de momento, como una urgencia para nadie; apenas se menciona, aunque en clave demagógica. Lo cierto es que tampoco nadie promete nada con la creencia de que el problema no es tan grande como parece. En el oeste, mientras tanto, el fenómeno de las tomas sigue tan latente como hace un mes. Aún persisten dos ocupaciones de espacios públicos en vías de consolidación. Las usurpaciones son también manifestaciones de un mismo fenómeno, tan difíciles de ocultar como la falta de imaginación de quienes deberían dar las respuestas.