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"Mi sangre es turca, pero mi felicidad es argentina"

Ergün Demir. En Las Grutas. Hará temporada con la obra Un turco muy travieso. Habla de su fe espiritual, de su vida en Francia y de por qué eligió vivir aquí.

Paula Bistagnino

Especial

Ergün Demir aparece a la hora pautada en la terraza del edificio-hotel del barrio de Palermo en donde vive. Llega recién duchado y con jean y camisa en una tarde de 35 grados. Hace pocos minutos volvió de la mezquita, a la que va a rezar diariamente, como manda su religión. Su faceta espiritual es lo central en su vida, dice. Y no hay ensayos ni notas que puedan interrumpirla.

“Para mí, la religión es una llamada que se siente. A mí mis padres no tuvieron que decirme que rezara ni enseñarme. Aprendí solo, cuando era muy chiquito”, dice el actor nacido en Turquía pero criado en Francia, que se hizo famoso en el mundo por su papel en la exitosa telenovela Las mil y una noches, que se emitió en más de 70 países y que en la Argentina fue un suceso inesperado.

Llegó aquí a principios del año pasado convocado por Marcelo Tinelli para el “Bailando” y se quedó a vivir, enamorado del país. “Yo desde muy chico siempre fantaseé con la Argentina y cuando me propusieron venir, no lo dudé ni diez segundos”, cuenta el actor que, después de hacer temporada teatral el verano pasado en Carlos Paz, ahora se prepara para debutar en Las Grutas como cabeza de elenco de la obra Un turco muy travieso, junto a Guido Süller y Adriana Brodsky.

Estoy muy emocionado porque no he estado en la Patagonia y tengo muchas expectativas. Me encanta conocer todo este país”.

-Un turco muy travieso… ¿Te identificás con el título?

Es un honor porque habla de Turquía, mi país, pero el carácter y el temperamento del tipo no tienen nada que ver conmigo, pero soy un actor. Yo soy una persona sincera, fiel, con principios de vida y mi personaje se zambulle en cualquier mujer que puede encontrar. Él es un mujeriego, digamos. Es el tipo al que le importan la fama, la plata, las mujeres, lo superficial. Claro que a mí me gustan las mujeres, pero tengo otros valores humanos.

-¿Con qué tienen que ver tus principios de vida?

Está guiada por mis valores espirituales. Desde que yo llegué a la Argentina he trabajado y trabajo para ayudar a la gente. Le doy de comer a la gente en la calle en el invierno, he ido a Santa Fe y a Villaguay, Entre Ríos, con camiones de ayuda. Porque a mí se me ha enseñado que tengo que vivir para los otros. Yo creo que si la vida te enfrenta a cosas duras, tienes que aprender. Y yo nací y crecí en la pobreza en Turquía. Y no me olvido. Y no puedo ser indiferente a lo que pasa a mi alrededor. Por eso, paso las fiestas en la calle, porque yo no puedo encerrarme en mi festejo cuando veo a gente sufrir, en la mierda, sola en la calle. Yo aquí vi a mujeres dar el pecho a un bebé bajo la lluvia, a una mujer con cáncer de piel durmiendo en la calle… Yo no puedo con eso.

¿Qué sabías de Argentina antes de venir?

Mucho. Yo desde que tenía 10 años fui fanático de Maradona y después me interesé mucho por este país: en el Conservatorio en Francia estudié la música argentina, el tango, Piazzola y mucho más de esta cultura maravillosa. El amor por este país fue creciendo en mi corazón y hasta sabía mucho de la historia, desde San Martín –que murió en Francia– hasta la geografía. Entonces cuando recibí la propuesta de Tinelli, fue como si yo me hubiera preparado toda la vida para ese momento.

-¿Y por qué te quedaste?

Antes de venir, yo tenía fantasías de la Argentina. El amor es así, cuando amás de manera apasionada algo o a alguien, exagerás, te ilusionás y fantaseás. Y después estás ante la realidad: y la realidad de la Argentina no me decepcionó: encontré el cariño que conocemos en Turquía, y eso mezclado con la democracia que tenemos en Europa. Eso a mi realmente me conmueve mucho. Y yo estoy feliz viviendo acá, yo elijo vivir acá a los 46 años. Porque podría estar en otro lugar, volver a Francia. Pero me encanta acá: me gusta cómo son ustedes, que asumen y expresan sus sentimientos.

-¿Aunque no sea fácil encontrar trabajo?

Los actores somos elegidos… A uno lo tiene que llamar un productor para trabajar. Entonces tenemos que aprender a esperar. Yo, en Francia, en el Conservatorio, tenía un profesor que decía: “El tipo que sabe esperar puede ser actor. El que no, lamentablemente no”. Y es un poco así.

¿Y qué no te gusta?

Cuando llegué acá escuché cosas como “Ergün es un chamuyero”. Yo no tenía idea de qué era un chamuyero en esa época. Pero cuando yo estaba distribuyendo, con mi plata, sopa en la calle, muchos de los de la farándula me dijeron que me apoyaban, que estaban conmigo, que contara con ellos… Y ninguno estuvo ni ayudó. Y yo sí ayudé. De todos los que me dijeron, la única que vino fue Valeria Lynch. Así que ya no me dijeron más.

-¿Te sentís un extranjero?

No, para nada. Además de las muestras de cariño de la gente, yo acá puedo vivir como quiero. Imaginate que acá está una de las mezquitas más lindas que vi en mi vida. Yo acá vivo me religión como quiero, todo el mundo es abierto. Acá nunca se han matado por religión. Es un país hermoso para vivir.

-¿Cómo vivís desde acá la situación política en Turquía?

Mirá: yo tengo 46 años. ¿Cuánto más me queda para correr, zambullir, hacer el amor y tal vez tener un hijo? Diez, quince, veinte años… La vida es muy corta. Yo sufro por todo lo que pasa allá y desde acá organizo cosas y rezo por Turquía. Yo no puedo entender esta locura que es el terrorismo, qué es lo que nos lleva a esto. Me destruye cada cosa que pasa. Yo sé que soy utópico e idealista, pero voy a seguir rezando por la paz.

-¿Te gustan las argentinas?

Uy, sí, claro. Está lleno de mujeres hermosas por metro cuadrado. Pero yo soy una persona “sapio sexual” en la psicología, esto es, que me enamoro y me seduce la mente de la persona, su inteligencia, su capacidad de divertirse y pensar. Yo recibo fotos, whatsapp, videos de chicas que quieren salir conmigo. Pero jamás saldría con ellas. Yo quiero seducir a una mujer. Y si encontrara a una argentina y me enamorara, ¿qué más querría? Formaría una familia y me quedaría para siempre.