Por Humberto Zambon
Ya nos hemos ocupado en estas páginas del economista polaco Michal
Kalecki, quien se anticipó a Keynes en los principales aspectos de su modelo.
Pero no fue su único logro. Dotado de una mente brillante y de un poderoso
arsenal teórico, analizó problemas económicos que todavía estaban en germen y
que se manifestarían muchos años después. Por ejemplo, en 1933 publicó un
artículo en los que alertaba sobre las limitaciones externas en un desarrollo
industrial orientado hacia el mercado interno, como ocurrió en nuestro país
veinte años después, con el “pare y arranque de nuestra economía”. También
alertó sobre los riesgos de recurrir al capital extranjero para evitar los
problemas en la balanza de pagos, cosa que los argentinos verificamos en carne
propia.
Ignorancia y política
Pero aquí queremos referirnos a otra anticipación de Kalecki. En 1943,
en Inglaterra, cuando todavía no había terminado la segunda guerra, publicó un
artículo que tituló “Los aspectos políticos del pleno empleo”, basado en su
propia experiencia en la discusión con los asesores financieros, las
organizaciones empresarias y los políticos de su época, a los que no podía
convencer de cosas evidentes, por lo que escribió que no era que “no creyesen
en su economía, con lo pobre que es. Pero la ignorancia obstinada es
normalmente una manifestación de motivaciones políticas subyacentes”, que es lo
mismo que debe haber pensado la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó
del Pont, luego de sus presentaciones en el Congreso Argentino.
Cuando existe depresión y altos niveles de desocupación y la opinión
pública clama por una solución, el camino es el gasto del estado, ya que los
incentivos al sector privado (disminución de la tasa de interés, menores
impuestos) resultan insuficientes. La recuperación debe venir de la mano del
gasto público. Kalecki decía que son conocidos los mecanismos de política
económica para lograr la recuperación y mantener una situación cercana a la
ocupación plena. Pero el grave problema era “vender” esas ideas políticamente.
Desocupación y poder
Según Kalecki, los sectores privilegiados, por ejemplo las entidades que
nuclean a las grandes empresas y los grandes dueños de la tierra, temen a la
intervención del Estado en procura del pleno empleo por diversas razones, que
analiza detenidamente. La primera es el miedo a la interferencia del Gobierno y
a la pérdida de poder que éste significa; les gusta que “se busque la confianza
de los empresarios y del mercado”. La segunda es el temor al relajamiento de la
disciplina laboral; el agotamiento del “ejército de reserva” de trabajadores
desocupados fortalece al poder sindical y da fuerza a los reclamos de mayores
salarios reales y de mejores condiciones de trabajo. En tercer lugar está la
preocupación por las políticas igualitarias y de redistribución del ingreso que
acompañan a la mayor intervención estatal. De acuerdo a su experiencia de los
años 30, decía que el único aumento del gasto estatal que los privilegiados
aceptan sin oposición es el armamentismo. Cosa que la historia de nuestros
tiempos puede corroborar.
El problema adicional es que una política de ingresos para combatir la
desocupación viene acompañada de presiones inflacionarias. Como se demostrara
años después, con la “Curva de Phillips”, un aumento en algunos puntos en la
tasa de inflación es el precio a pagar por una disminución de la desocupación,
o –a la inversa- el incremento de la desocupación es el costo de cortar la
inflación.
Desocupación y control
Por todas esas razones, con la recuperación económica empieza una
campaña desempolvando mitos como el del equilibrio presupuestario o la
ineficiencia estatal, se denuncia el exceso de gasto público y las presiones
inflacionarias y se reclama el ajuste de las cuentas públicas para parar la
inflación.
Según las palabras de Kalecki, el ciclo político funciona así: “Durante
la depresión, ya sea bajo la presión de las masas o incluso sin ella, se
emprenderá una inversión pública financiada mediante el endeudamiento para
impedir el desempleo a gran escala. Pero si se intenta aplicar este método a
fin de mantener el alto nivel de empleo alcanzado en el subsiguiente auge es
posible que se confronte una fuerte oposición de los dirigentes empresariales.
Como ya se ha discutido, el pleno empleo perdurable no goza en absoluto de sus
simpatías. Los trabajadores estarían fuera de control y los capitanes de la
industria estarían impacientes de darles una lección. Más aún, el incremento
durante la recuperación presenta desventajas para los pequeños y grandes
rentistas y los hace sentirse cansados del auge. En esta situación,
posiblemente se forme un poderoso bloque entre las grandes empresas y los
intereses de los rentistas, y posiblemente encontrarán más de un economista que
declare que la situación es manifiestamente poco sólida. La presión de todas
estas fuerzas, y en particular de las grandes empresas –por lo general con
influencia poderosa en los departamentos gubernamentales-, inducirá
probablemente al Gobierno a volver a la política ortodoxa de reducción del
déficit presupuestario. Vendrá después una depresión en la que la política de
gastos volvería otra vez a su sitio”. Y vuelta a empezar.
Desmemoria colectiva
Ayuda a que el ciclo político sea una realidad la falta de memoria
colectiva de la sociedad, que tiende a sepultar en el olvido los malos
momentos. Muchos de los que en la
Argentina de hoy protestan por la situación actual y reclaman
por un ajuste del gasto del estado han olvidado los años previos a 2001, cuando
no podían dormir por la deuda impaga en el banco, por la sombra de la quiebra
sobre sus empresas o por el temor a perder el empleo.
Es responsabilidad de todos, en la democracia, evitar la repetición del
“ciclo político”. Y para ello sería útil una jornada colectiva de rememoración,
ya que –como decía la reconocida economista inglesa Joan Robinson-
“con la mayoría de los problemas de hoy en día, las respuestas económicas son
sólo cuestiones políticas” .