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Milani y su paso por Neuquén

Pablo Montanaro
En los últimos días, recrudecieron los cuestionamientos al actual jefe del Ejército, teniente general César Milani, por parte de distintos organismos de derechos humanos no alineados con el gobierno nacional por su supuesta vinculación con la desaparición de un soldado de La Rioja, que se desempeñaba como asistente personal durante la última dictadura militar.
Milani no es un desconocido en Neuquén. En mayo de 2000, en su carácter de jefe del Batallón de Ingenieros en Construcciones 181 propuso, ante el visto bueno de la Municipalidad y del gobierno provincial de entonces, abrir la puerta de los cuarteles para que los vecinos y alumnos primarios y secundarios participaran de paseos en tanques y vehículos militares como también asistir a simulacros de combates, manipulación de armas y otras actividades desarrolladas en el predio militar. 
Esa invitación, con el objetivo de intentar estrechar vínculos entre la fuerza y la sociedad civil, ocultaba parte de la historia de ese lugar. Como afirmó Noemí Labrune: “El Ejército finge abrir sus puertas, mientras oculta las pruebas del genocidio”, ya que consideraba que si la cosa era mostrar y no ocultar, el “dueño de casa” debía convocar a los sobrevivientes de La Escuelita para que contaran al público los suplicios que padecieron en el centro clandestino de detención que funcionó en el predio del batallón. Ya que el propio Milani supervisaba estas actividades. 
El grave error político de sostenerlo en su cargo es lo más parecido a una traición a la política de derechos humanos que promueve el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, porque a esta altura Milani aparece como un personaje de oscuro prontuario represivo de los 70.