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Monotributos y subsidios, una prueba para Rioseco

Por CECILIA SOBERÓN

Después del arrollador triunfo del año pasado con el 80% de los votos, Ramón Rioseco adquirió el poder suficiente para decirles a sus socios políticos que no había más espacio para nuevos contratos políticos. Y defendió a rajatabla el superávit que le permite hacer obras y sostiene la paz social.
Pero no todo era color de rosas, a pesar de los resultados obtenidos. El ahora secretario de Gobierno, Mario Turrado, había advertido sobre su disconformidad en la tarea que desarrollan los denominados “monotributistas”, que no son más que líderes de cuadrillas de albañiles a quienes se contrata para realizar diferentes tareas.
Y también se fue del Instituto de la Vivienda Fabricio Sturlese, quien había negociado con estos proveedores de servicio. Los “monotributistas” son mitad trabajadores mitad punteros, en su gran mayoría por lo que su relación con el municipio es mitad por trabajo y mitad por política.
Las quejas por la mala calidad de las obras que realizan los monotributistas se acumularon por meses y finalmente han estallado,  aunque no como podría preverse sino a través de otra bomba de tiempo, los trabajadores subsidiados.
Cuando se quiso detener el peso político y económico que tienen los monotributistas, un líder (que es monotributista y además subsidiado del Estado) apareció para impulsar el malestar que tienen muchas personas por realizar el mismo trabajo que los municipales y cobrar una mínima parte, además de no contar con indumentaria, con refrigerio ni derechos sociales.
¿Qué hace una persona que no tiene trabajo y que no tiene educación para conseguir un ingreso fijo de dinero? Se anota en “los planes”, llega hasta la Red de Empleo y busca una solución. Cuando ingresó en ese sistema perverso, luego es muy difícil que salga de él. Y termina cumpliendo el trabajo que los demás no quieren hacer; los demás que sí reciben la indumentaria, el refrigerio, que gozan de vacaciones y aguinaldo. Los subsidiados son los parias del municipio.
Y no consiguen otro trabajo porque no tienen muchas más posibilidades, ya que su calificación laboral es inexistente y sus ambiciones son escasas.
Rioseco tiene entre sus manos un problema que puede solucionar con ese mismo poder que le dieron las urnas. Es un inconveniente que por ahora es manejable pero que, si lo deja crecer, puede transformarse en un verdadero monstruo. Sobre todo si comete el mismo error que Felipe Sapag con la pueblada de 1996 y cree que la inquietud popular son inventos de sus enemigos. La clase media de Cutral Co cree que Rioseco está en condiciones de tomar decisiones aunque no sean populares y los subsidiados creen que tiene el dinero necesario para contratarlos a todos. Será una prueba importante para la incipiente carrera política provincial de Rioseco.