El peronismo neuquino adhirió a la Ley 27412 de paridad de género y en 2019 tendrá que repartir cargos en las listas de manera igualitaria entre hombres y mujeres. El PJ en la provincia, justamente, y a pesar de algunas excepciones, es un partido donde lo femenino y la juventud no son rasgos característicos. Más bien es un conjunto de dirigentes que tienen su cuota de poder desde hace muchos años. Como muestra, sólo basta observar una foto en una mesa: todos hombres y entrados en edad, sin que esto suene a descalificativo. Hay que separar la militancia de los dirigentes que toman decisiones a puertas cerradas. Los que suben y bajan candidatos, de acuerdo con el humor diario, la obsecuencia o la crítica extrema. El PJ es un partido tan verticalista, que de la lealtad a la traición hay pocos metros de distancia. Es tan fácil entusiasmarse como defraudarse en poco tiempo. La paridad de género se implementará a partir de 2019 para igualar los cargos en un 50% de hombres y mujeres. Pero más allá de los cargos, de fondo están las decisiones. ¿Tendrá la mujer más peso en las decisiones de quién va y quién no como candidato a intendente/a en una localidad? ¿O todo se reducirá a los grupos de poder? En el kirchnerismo, que es una parte de este peronismo diverso y a veces contradictorio, en la elección de sus dirigentes ya ha tenido este debate en las organizaciones de base, que también están atravesadas por la temática de género. Tal vez esta reforma sirva para equilibrar un poco el sistema de representación, donde los hombres han decidido históricamente quién vive o muere en la política. A quién se premia o se castiga. Pero tal vez la presencia de la mujer, justamente, sirva para desterrar este tipo de prácticas.
El PJ tendrá paridad de género en las listas. Para eso deberá cambiar la forma de ejercer el poder.