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Múltiples caras de la violencia

Pablo Montanaro

Contrario a lo que a veces se piensa, la violencia de género no implica sólo golpes o insultos. Tiene formas sutiles que son mucho más complejas de detectar y también de erradicar. Son las más peligrosas, las que se toleran. Por eso los especialistas advierten que es en la etapa del noviazgo donde puede aparecer la violencia que luego se incrementará y, en algunos casos, como ha ocurrido en este último tiempo, terminar en forma trágica. Una violencia que comienza a emerger con otras modalidades: empujones, bromas, celos, controles.
Las situaciones de violencia en la pareja están bajando casi a la adolescencia, en chicos de 14 o 15 años, aseguran desde la dependencia judicial de esta capital, que diariamente recibe 40 denuncias por violencia familiar (ver página 9). Por eso preocupa que las chicas sean controladas por sus parejas, les exigen las contraseñas de las redes sociales que utilizan para saber con quién chatean y hasta son obligadas a mantener relaciones sexuales. Recientemente se “visibilizó” al  piropo o acoso callejero como una forma de violencia cotidiana.
Acaso sean estas formas de violencia simbólica de las que no se habla y que padecen la mayoría de las mujeres.
Violencias que reproducen valores o patrones culturales que perpetúan la asimetría de género en la sociedad.
La violencia de género, lamentablemente, siempre va en aumento y cuando se instala en la pareja es más frecuente e incluso más brutal.
De acuerdo con los testimonios de mujeres que sufrieron violencia, lo más complicado resulta escapar de esa repetición de insultos, acosos y agresiones.