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Este domingo 25 de junio hay elecciones generales en Guatemala, más de 9 millones de guatemaltecos están registrados para votar y elegir a quien reemplazará al actual mandatario Alejandro Giammattei. Todo hace prever que serán unas elecciones muy competidas, ya que el boca de urna no determinó un claro favorito entre los principales candidatos: Sandra Torres, Zury Ríos y Edmond Mulet.
Torres, del partido Unión Nacional de la Esperanza (UNE), fue primera dama de Guatemala entre 2008 y 2012, cuando estaba casada con Álvaro Colom, presidente en aquellos años. Durante la presidencia de su entonces esposo, Torres estuvo a cargo de los programas sociales del gobierno, lo que en los años posteriores le dio mucha raigambre política. Antes de que Colom saliera del gobierno, la candidata inició los trámites de divorcio para poder competir en las presidenciales de 2011, algo que los tribunales le negaron.
La ex primera dama, sin embargo, logró inscribirse en las presidenciales de 2015, donde encabezó los resultados en primera vuelta, pero perdió en el balotaje contra Jimmy Morales, un comediante televisivo que gobernó Guatemala hasta 2020. En 2019 le pasó lo mismo: compitió en primera vuelta y perdió en la segunda contra Giammattei. Hoy, la mayoría de las encuestas la dan como favorita a ganar, pero, de nuevo, los sondeos le dan menos oportunidades en una eventual segunda ronda.
Por su parte, Zury Ríos Sosa, de la coalición de derechas Valor-Unionista, hija del dictador militar Efraín Ríos Montt, se mantuvo en el primer lugar de preferencias durante las semanas que siguieron a la convocatoria a elecciones el pasado 20 de enero, con números cercanos al 20% de las preferencias, pero la candidatura se fue desinflando hasta ubicarse, en los últimos días, entre el segundo y el tercer lugar según sea la encuesta, con números ya por debajo del 10% de preferencias.
Zury Ríos también compitió en la presidencial de 2015, pero apenas alcanzó el 5º lugar con menos del 6% de los votos. Intentó competir en 2019, pero una resolución de la corte constitucional lo impidió al invocar la previsión que impide a familiares de golpistas participar en elecciones presidenciales. Desde que perdió aquel año, Ríos Sosa se mantuvo activa y consolidó su influencia en las cortes y el Congreso del país, lo que le permitió colocar al abogado Roberto Molina Barreto, su vicepresidenciable en 2019, en la Corte de Constitucionalidad y, con ello, impedir un nuevo bloqueo a su candidatura de este año.
Mientras que Edmond Mulet tiene posibilidades de colarse en segunda vuelta. Se trata de un ex diplomático que trabajó junto al ex secretario general de Naciones Unidas Ban Ki Moon en misiones de paz y fue presidente del Congreso de su país. En los 80, fue acusado de pertenecer a una red de adopción ilegal de menores que luego eran vendidos a extranjeros, acusaciones por las que fue detenido pero nunca juzgado. Participó en las presidenciales de 2019 y obtuvo el 11% de los votos. Hoy, tras el bloqueo de otras candidaturas que aparecían en los primeros lugares -en algún momento incluso por encima de las candidatas principales-, Mulet parece haber capitalizado las intenciones de voto en zonas urbanas.
Si hay un nombre que no aparecerá en la boleta del domingo, pero es indispensable para entender el contexto político en el que Guatemala llega a la jornada electoral es de Alejandro Giammattei, el mandatario saliente.
“Es el presidente que más control ha tenido en la historia política contemporánea. Controla las cortes, al MP, y con ese poder nos ha perseguido”, dijo la semana pasada en un evento en Washington, DC Bertha Michelle Mendoza, ex corresponsal de la cadena CNN quien ahora vive exiliada en Estados Unidos tras ser amenazada por sus investigaciones al entorno del presidente.
Cuando Guatemala levantó las restricciones impuestas por la pandemia de Covid-19, el gobierno Giammattei empezó a enfrentar denuncias de todo tipo: la corrupción en la compra de vacunas rusas, el estado deplorable del sistema de salud y la incompetencia en la gestión epidémica.
Para junio de 2021, la Fiscalía Especial contra la Impunidad (FECI) investigaba al presidente por dos posibles sobornos millonarios, uno entregado por mineros rusos que buscaban ampliar su explotación de níquel y otros metales en Guatemala, y otro por un ministro del gobierno anterior. Consuelo Porras, fiscal general y aliada política del presidente, cerró los casos y persiguió a los investigadores que, desde la FECI, hurgaron en los asuntos de Giammattei. Hoy, al menos seis periodistas guatemaltecos, como la corresponsal Mendoza, y dos docenas de operadores de justicia están exiliados.
Otro de los objetivos políticos de Porras y Giammattei ha sido José Rubén Zamora, el periodista más influyente de Guatemala, quien el 14 de junio fue condenado a seis años de cárcel por el sistema de justicia que el presidente y los suyos controlan en un caso de supuesto lavado que el Ministerio Público no logró probar. Uno de los principales verdugos judiciales de Zamora fue Ricardo Méndez Ruiz, presidente de la Fundación contra el Terrorismo (FCT), un organismo paralegal que se ha querellado contra los periodistas e investigadores críticos del oficialismo y ha llevado a varios de ellos a la cárcel.
Méndez Ruiz y la FCT son cercanos a la candidatura de Zury Ríos, la hija del dictador Ríos Montt y preferida de la ultraderecha guatemalteca. El miércoles 21 de junio, en sus redes sociales, Méndez se hizo eco de un campo pagado en un periódico en la que apareció una encuesta -la única en las últimas semanas- que daba la ventaja a Ríos.
Para el ex procurador Jordán Rodas, cuya candidatura fue bloqueada a principios de año, todas estas personas son parte de los mismos círculos de poder. “Es una alianza criminal y de corruptos… una élite depredadora, como la definió Juan González, asesor de Joe Biden, que no nos depara ningún cambio. Va a cambiar el rostro, pero los titiriteros, los que mueven las manijas del país es el Cacif -la unión de gremiales empresariales- que solo cambia cada cuatro años de marionetas”, dice.
Si algo tienen en común Giammattei, Zury Ríos y Sandra Torres, la otra candidata con posibilidades de ganar, es su animadversión por la reforma política y judicial que Guatemala intentó emprender desde el sistema de justicia a finales de la década 2000 con la llegada de la Comisión Internacional contra la Impunidad (CICIG), la fiscalía supranacional apoyada por la ONU que ayudó a llevar a las cortes complejos casos de narcotráfico y de corrupción política y empresarial.
Lo cierto es que, entre acusaciones de fraude, con la larga sombra del presidente más impopular de los últimos años -entre 11% y 26% de aprobación en las últimas semanas- y también uno de los más poderosos, y con decenas de opositores y críticos exiliados o encarcelados, llega Guatemala a una de las elecciones más controvertidas del último medio siglo.