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Nadie piensa en el usuario

Pablo Truffa

La interna sindical dentro de la UTA volvió a golpear al vecino que se moviliza en colectivo. A vos, a mí, a todos por igual. Una vez más, y sin importar las consecuencias, quienes lideran el sindicato decidieron frenar un servicio esencial y dejar a pie a miles de neuquinos, como hace una semana, dos, tres, como siempre. Esta situación no es nueva pero cansa, incomoda. Ya no solo se sufre por el servicio deficiente que brinda desde hace tiempo Indalo -con unidades viejas y sucias, malos recorridos y frecuencias que no se respetan-, sino también por lo que ocurre dentro de la UTA, que en días elegirá nuevas autoridades. El conflicto que el miércoles empezó con una amenaza y que a las horas se hizo efectivo duró lo suficiente como para perjudicar a quien usa diariamente el transporte para ir a trabajar, a estudiar, ir al médico o tan solo llegar al centro desde su barrio. Y todo eso por la decisión de pocos, por la decisión de quienes se creen con derecho a todo, con derecho a decirle a un vecino “hoy arreglátelas como puedas porque se me antoja parar”. Total, nadie hace nada: ni la empresa, ni el Estado, ni nadie. Esta desidia lleva a que la ciudad viva siendo rehén de un monopolio que no tiene salida. Atrasos en los pagos, agresiones a los choferes, unidades destrozadas o las internas gremiales repercuten siempre en el usuario, el único que padece los desplantes de los responsables del servicio. Este presente no se aguanta más. Quienes comandan el gremio deben exigir lo que consideren necesario sin perjudicar a terceros ni sacar rédito haciendo daño. La empresa debe garantizar un buen servicio y brindarles la seguridad necesaria a los choferes y al usuario. Y el Municipio tiene que cumplir con su rol de poder concedente y dejar, de una vez por todas, de jugar al “gallito ciego” ante un servicio cuestionado por toda la sociedad. De lo contrario, viviremos en la capital del caminante sin destino.