La empresa Pehuenche llegó con el matafuego bajo el brazo en 2015 para tomar dos ramales que entonces estaban a cargo del Indalo que peor recuerdan los usuarios del servicio de colectivos de la ciudad.
Según el Municipio, hizo las cosas bien. Tanto que le dieron otros cuatro servicios que figuraban en la órbita de la ahora Autobuses Neuquén. La emergencia requirió de un contrato, casi de necesidad y urgencia, para que una amplia parte de esta capital no se quede sin transporte. Fue por un año, y luego se volvió a renovar.
El vencimiento del último permiso provisional finaliza en marzo del año que viene. Y la Municipalidad quiere extenderlo, comprensiblemente, para que la misma empresa siga adelante con la concesión hasta 2022 cuando debería licitar la totalidad del servicio de la ciudad. Ese argumento también parece razonable.
Sin embargo, los bloques de la oposición dudan. Y también tienen sus argumentos.
Se pretende que si esos ramales fueron bien explotados, el Municipio no debería extenderlos por contrato, sino hacerlo de la manera más transparente posible, aun cuando todo el sistema de movilidad sufrirá cambios con la llegada del Metrobús y luego con la regionalización del transporte.
Pero la millonaria maraña de susbsidios que reciben las empresas de colectivos torna espinoso el tema, según los concejales, quienes no sienten que el Municipio esté en condiciones de despejar todas las dudas respecto del manejo de los fondos en un tema tan sensible.
El Municipio esperó hasta último momento para plantear su urgencia. Eso es lo que despierta tantas suspicacias a la hora de dar luz verde al pedido.
Todo el sistema de transporte público deberá ser licitado en 2022, pero la Muni ya está ansiosa.