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Neuquén, un imán para los narcos

Guillermo Elía.
Si hay algo que tienen en claro los narcos es cómo y dónde hacer negocios. Vale recordar que cuando los cárteles de México y Colombia se vieron ahogados en sus respectivos países, optaron por Argentina, primero para lavar dinero y luego para instalar laboratorios de drogas sintéticas que se exportaban a Estados Unidos y Europa.
A Neuquén no llegan de casualidad, vienen porque hay plata, mal distribuida para algunos, pero plata al fin. El fenómeno de Vaca Muerta ha sido como un imán, guste o no, para todo tipo de actividad, entre ellas el delito y el tráfico de estupefacientes.
El redituable negocio narco crece como el consumo de drogas en la sociedad, por más que el Gobierno y la Policía quieran minimizarlo, la realidad es más fuerte y tan grande como el sol.
Nobleza obliga, más allá del anuncio tribunero que en abril hizo el Gobierno sobre una “guerra contra los narcos”, ésa fue una forma de reconocer un problema ya instalado.
Cierto es que los narcos tienen droga para todos los niveles sociales, porque no descuidan ningún nicho de mercado. En la actualidad el sector petrolero es el preferido, porque tiene poder adquisitivo y ahí se puede meter cocaína que deja un retorno económico muy grande.
Después tienen marihuana para las clases media y baja, y cocaína de pésima calidad que la estiran con todo tipo de sustancias. “Los pibes están aspirando cualquier mierda”, resumió un médico, alarmado por el consumo que hay en la población joven.
En este contexto, crece Neuquén a pasos agigantados. Es tan rápido todo que parece no haber tiempo para repensar cómo organizar tanto porvenir, y en ese devenir se están perdiendo cientos de pibes.