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El joven que pasa hasta cuatro días en el basural de Neuquén para comprarle la ropita a su futura beba

Francisco, de 21 años, contó cómo se las arregla junto a su novia embarazada de siete meses, buscado la forma de ganar unos pesos en el "Shopping", mote que le quedó al predio desde el 2007.

La Autovía Norte se ha convertido en todo un símbolo de cómo ha crecido y expandido a pasos agigantados Neuquén capital. Y también se podría decir que es un reflejo del impulso que ha dado la principal formación de hidrocarburos no convencionales del país: Vaca Muerta.

A la vera de la ruta se puede observar todo tipo de maquinarias, vehículos y fierros que tiene que ver con el desarrollo petrolero, además del intenso movimiento de combis y camionetas, que se encargan del traslado del personal de las empresas, avocadas a la obtención de gas y el “oro negro”. Como habrá sido la explosión de la denominada “Nueva Dubai”, que en septiembre del año 2023 se inauguró la Ruta Provincial 67, un camino fundamental para la conexión entre la zona Confluencia y Vaca Muerta.

Sin embargo, a solo metros de transitar el inicio del tramo, la realidad cambia por completa. Si uno toma el primer desvío a mano derecha se encontrará con el basurero más grande que posee la ciudad. Cuando se va ingresando por el camino de tierra que bordea el Complejo Ambiental de Neuquén –área donde se envían y reciclan los residuos- el panorama comienza a ser desolador y triste. Montañas de basura de todo tipo van creciendo en ese trayecto hasta llegar al corazón del basural.

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Al llegar los camiones recolectores al basural se juntan numerosas personas

En ese predio, donde los aguiluchos y otras aves de carroña sobrevuelan a cada segundo, en donde habita el aire nauseabundo y donde no hay signos de esperanzas, niños, jóvenes, familias enteras, se lanzan en una búsqueda de supervivencia: pasan horas removiendo desperdicios y en permanente estado de alerta por los camiones de los hipermercados y camiones de empresas que arriban para desechar productos vencidos –muchos los aguardan para alimentarse- o materiales que pueden ser útiles para la construcción de un “rancho” o para vender.

Modo flashback: "el shopping"

En noviembre del año 2007, por primera vez LMNeuquén pudo ingresar al basurero municipal luego de la visita del fallecido Mario Socolinsky, reconocido pediatra que hizo un informe especial para su programa, La Salud de nuestros hijos, que se emitía por canal 7.

En aquella ocasión Héctor, Miguel y Martín fueron los encargados de describir y relatar cómo funcionaba el “Shopping”, nombre con el que fue bautizado el lugar hace 16 años en tiempos que se levantaba la edificación del Alto Comahue Shopping, ubicado sobre Doctor Ramón. Sarcasmo del destino, el mote recibido por el basural se ha mantenido indemne. Es que esta película en modo flashback parece seguir su curso con diferentes y nuevos actores protagónicos. “Acá en el shopping encontras de todo”, suelta Francisco, quien tiene 21 años. “Acá el que no come es porque no quiere”, agregó.

El joven que vive en la meseta Nueva Esperanza –está a doscientos metros del basural- luce un jogging negro, gorra con visera, remera Lacoste (la marca del cocodrilo no deja de ser otra ironía de la vida) y unas zapatillas precarias. Sus manos están casi negras por la labor que le toca y su rostro aparenta una mezcla de resignación, pero con la convicción que tiene que juntar unos pesos para darle al menos los elementos básicos a su bebé, que en dos meses lo convertirá a él y a Ángela en padres primerizos. Su novia que luce una panza de siete meses le hace el “aguante” o la “segunda” y también colabora en la recolección de las latas. “Todo lo que sea para la bebé está caro. Vamos comprando lo que podemos”, reveló el papá de la niña.

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Con lo que hace en el basural de Neuquén, Francisco busca mejorar su vida y la de los suyos

La parejita de jóvenes se instala unos días en el predio de desechos con el objetivo de poder dar con los mejores elementos que cae de los volquetes de los camiones. “Desde el jueves que estamos acá y nos quedamos hasta el lunes”, contó Francisco, quien agrega: “A veces duermo dos horas porque por la noche también espero que lleguen más contenedores”.

A diferencia del año 2007, ahora los camiones que arriban a la meseta no tienen un horario determinado. De domingo a martes el camión recolector de basura llegaba a las doce y media de la noche. Y de miércoles a viernes lo hacía entre las 2 y 6 de la mañana. “Ahora no se sabe bien en qué horario vienen porque ahora llegan una o dos veces por semana”.

Mercado: qué es lo que buscan

Durante el “cachureo” –como los lugareños del predio llaman a su trabajo en el basural- los elementos más buscados para luego vender son vidrio, plomo, aluminio, hierro, cobre, este último el más cotizado. Según la tabla de valores, Francisco contó que por el kilo pagan cuatro mil pesos (su costo en 2007 era de $10), mientras que el kilogramo de latas (aluminio) se cotiza en $800. El aluminio también suma: 500 pesos el kilo.

En el caso del joven de Nueva Esperanza, una vez que está conforme con los bolsones que junta, reveló que la venta de los elementos la realiza en una chacarita de la Meseta. ¿Cómo se las arregla para trasladar todo? Francisco aseguró que el flete lo abona con bolsones de comidas para los chanchos. “Son setecientos pesos los que les pago a un hombre que siempre viene acá (por el basural) con su camioneta vieja. Él cría chanchos y le sirve”, señaló Francisco, quien conoció el basural cuando tenía nueve años.

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Las aves de carroña también son protagonistas en el basural de Neuquén

“Dejé de venir un tiempo porque me fui a vivir a (barrio) El Progreso. Ahora hace tiempo que volví y regreso seguido porque puedo hacer buena plata”, expuso. Y luego reveló qué cantidad de dinero recaudó: “Acá haces plata juntando de todo un poco. En un día junté cuarenta mil pesos”.

Antes de su regreso al basural municipal, Francisco contó que trabajaba en una distribuidora de bebidas y alimentos para perros. Pero el sueldo no lo conformaba. “Trabajaba ocho horas. De 8 a 14 y de 16 a 18 y me pagaban mil pesos por hora. Como está la cosa antes de hacer cagadas –refiriéndose algún tipo de vandalismo- regrese a trabajar con la basura”, contó el futuro padre.

Las peleas por productos vencidos

Alrededor de 200 personas pasan a diario por el basurero. Y en muchas oportunidades cuando desembarca las prensas provenientes del Jumbo o el Coto el clima se pone tenso, ya que la gente llega pelearse a los empujones por los alimentos vencidos que se excluyen de las góndolas. “A veces hay mucha gente atrevida, pibes que están pasados”, remarcó Francisco sobre algunas personas que pueden generar disturbios debido al consumo de alcohol u otra sustancia.

“Cuando es identificado el camión por tener los contenedores blanco –indica que trae comida- algunos salen corriendo y se cuelgan de la caja (volcadora) para quedarse con la mejor mercadería que viene media congelada”, detalló Francisco. Salchichas, algún pedazo de carne, salamines, patas de pollo, yogurt, papas en bolsa, leche en polvo, jugo Cepita, son algunos de los alimentos que dejan esos camiones.

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Lejos del mundo de las redes sociales, un mundo en donde pibes de 21 años pasan horas con su móvil, y muchos más lejos de tener “ídolos” o admiración por instagramers, Francisco y Ángela solo piensan en venir y buscar algo que les de unos pesos. En esta última visita fueron cuatro largos días, en un predio bautizado en el año 2007 como El Shopping, emplazado a metros de un acceso que es parte de la fructífera ruta del petróleo (que invita a soñar a lo grande), en donde se encuentra de todo para subsistir y comer. Y por supuesto, para comprarle los primeros pañales a Celeste Soledad, que nacerá en dos meses para ponerle una sonrisa al corazón y el alma.

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