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Javier Laborda es más que un óptico. Y su trabajo va más allá de hacer "ojos de vidrio". En realidad, atiende de forma personalizada a cada paciente con la rigurosidad de un científico y la paciencia de un artesano, hasta diseñar la prótesis ocular que más se ajusta a cada rostro. Así, brinda una solución estética que tiene el poder de modificar por completo la vida de las personas que perdieron un ojo por enfermedades o accidentes.
Oriundo de Buenos Aires, Javier empezó a trabajar como óptico en el Hospital Italiano, donde se especializó en los lentes de contacto. Para él, esas lentillas transparentes no eran sólo una coquetería, sino una solución eficaz para algunas personas que apuestan toda su visión al servicio de esa tecnología. Por eso, desde muy temprano comprendió que la vista y la estética iban de la mano de un fuerte componente emocional.
"Varios pacientes que atendíamos en el Italiano para hacerse anteojos nos decían que usaban prótesis y que no las conseguían, así descubrí el mundo del famoso ojo de vidrio", dijo el profesional sobre las prótesis que deben su nombre a una tecnología muy antigua, que ya quedó obsoleta. "Ahora claramente no son de vidrio, pero lo fueron hace bastante tiempo", señaló.
Sus primeros pasos en el rubro de las prótesis los dio en una reconocida óptica de la ciudad, cuando empezó a trabajar como ayudante con el solo fin de impregnarse de conocimientos. "Sólo aprendía como oyente, pero en 2017 tuvo la oportunidad de ir a Buenos Aires para hacer una especialización, y ahí ya empecé a atender pacientes con esa problemática", expresó.
A diferencia de los anteojos estandarizados, Javier se enfoca en cada caso con una atención milimétrica a los detalles. "Cada paciente es particular y requiere un trabajo específico", dijo y repasó las incontables historias que lo atravesaron en estos años de trayectoria. Algunos conservan parte del globo ocular y requieren de prótesis que se adapten a ellos, mientras que otros cuentan con los llamados ojo en ptisis y sólo necesitan una prótesis de cascarilla. También están aquellos que perdieron uno o hasta los dos ojos y requieren de prótesis completas.
La adaptación también implica comprender cómo se ocasionó la pérdida del ojo. Hay patologías de nacimiento y otras que se desarrollan a lo largo de la vida, mientras que algunos los perdieron en accidentes. "Son pacientes que acarrean una cuestión traumática de toda la vida, y con estas prótesis es más llevado porque la solución estética les permite que se sientan menos observados y evitar las preguntas que a veces reciben sin tapujos", indicó.
Por eso, Javier se prueba el traje de óptico y también el de psicólogo o artesano. Debe comprender los dolores emocionales detrás de la pérdida del ojo, y eso le permite valorar cómo un cambio estético en la mirada puede devolver también la alegría de sus pacientes. Además, le toca ser artesano: arma, ajusta y desarma cada prótesis hasta llegar a los acabados milimétricos que permiten equiparar la imagen del ojo sano sin negociar la comodidad y la salud.
"Se usan prótesis estándar para ver cuál se ajusta más y se van haciendo agregados con ceras hipoalergénicas que son similares a las que se usan en prótesis dentales", dijo y agregó: "Tratamos de igualar al ojo sano según las expectativas del paciente, pero a veces no se puede por la cavidad o el ojo parcial que ya tienen. Tiene que ser una prótesis para que nos los irrite ni les moleste. Por eso hacemos un trabajo de profesional y artesano para lograr la mayor similitud pero sin lastimar".
El proceso puede ser muy rápido o extenderse el tiempo necesario para encontrar la prótesis perfecta. El equipo de Javier envía las fotos del ojo sano y también las medidas exactas de los moldes que fabrican a un laboratorio en Buenos Aires, que les devuelve las prótesis ya listas para la demanda del paciente. "Llamamos otra vez al paciente para hacer la prueba y vamos ajustando y agregando hasta que se ajusta perfectamente a la cavidad", dijo y agregó que buscan no interferir en el globo ocular parcial que algunos conservan, o la mucosidad el lagrimal, donde se coloca la prótesis.
Si bien la coyuntura económica impide avanzar con rapidez en el proceso de fabricación, ya que la mayoría de los productos son importados, el especialista aseguró que sigue recibiendo las primeras consultas sin cargo para iniciar los procesos y encontrar la prótesis perfecta para cada paciente. "La mayoría de los ópticos se inclinan hacia otros rubros porque no se conoce que hay estudios universitarios vinculados a las prótesis", dijo y agregó que ellos se consideran agentes primarios de salud visual.
"Increíblemente hay gran cantidad de pacientes, vienen de Neuquén capital y también del interior, hay muchos que realmente no saben que existe esta posibilidad", dijo el profesional y agregó que junto a su equipo ya sumaron una sucursal en Plottier a su sede central en Neuquén, sobre la calle Juan B. Justo. "Hay varias problemáticas en las ópticas, no es sólo comprar anteojos de dificultades de visión que son abordados por nuestra profesión y quizás se desconocen", detalló.