Un equipo de salud de Loncopué se desplazó hasta el área de trashumancia en Butahuao, una zona de montaña de difícil acceso. Se alojaron en carpas y trabajaron en adversas condiciones climáticas.
En un gesto de compromiso y dedicación, dos agentes sanitarias de Loncopué, Camila Cavallier y Rosa Retamal, se embarcaron en una misión para llevar la atención médica a los crianceros del paraje Butahuao, en las alturas de la cordillera andina. Con el respaldo de todo el equipo de trabajo del hospital de la misma localidad, estas valientes mujeres diagramaron una salida al campo, de dos días, para poner a disposición todas las herramientas necesarias para los crianceros que aún persisten en esta tarea ancestral de la trashumancia.
A la gesta de las trabajadoras de la salud se sumaron una médica y un chofer de área rural, que juntos emprendieron esta tarea en un vasto territorio de las veranadas del oeste neuquino. La visita requirió una planificación anticipada de aproximadamente un mes y medio, que incluyó la coordinación de un profesional médico, la reorganización interna del equipo, la logística de traslado y la planificación alimentaria.
La zona de Butahuao es de clima frío y ventoso, con ausencia de comunicación estable y condiciones habitacionales precarias. Los pobladores residen en condiciones similares, con dificultades para sostener tratamientos médicos y alimentación variada. A pesar de estas adversidades, el equipo de salud se mantuvo firme en su compromiso de brindar atención médica y relevar necesidades sanitarias a los pobladores trashumantes.
La visita permitió fortalecer el vínculo con los pobladores rurales, relevar necesidades prioritarias y detectar posibles gestiones a futuro. "Es importante que supieran que no están solos", dijo la médica Judith Barros. "Estuvimos en aquel lugar con el propósito de acompañarlos y ayudarlos en lo que necesitaran", añadió.
La salida sanitaria fue un ejemplo de trabajo en equipo y compromiso del sistema de salud profesional neuquino. "El proyecto fue enteramente una iniciativa y logística de las agentes sanitarias, junto al chofer de área", destacó Barros.
El equipo de cocina, farmacia, directivos, administración y personal del hospital de Loncopué se unió para hacer posible esta visita médica. "Estamos muy felices por esta experiencia y por poder llegar cada vez más lejos, acercando atención y cubriendo necesidades básicas de salud para nuestros pobladores", expresó la agente sanitaria Rosa Retamal.
En el mismo sentido ambas agentes de la salud, quisieron agradecer especialmente al chofer Gabriel Parada, que siempre las acompaña con la mejor predisposición, y a la doctora Judith Barros, quien “con su calidez y compromiso brinda una atención cercana y humana a cada vecino”, relataron.
También comentaron que se trajeron consigo aprendizajes, aspectos por mejorar y, sobre todo, la satisfacción de haber compartido dos jornadas de “trabajo en equipo y vocación de servicio”.
La comitiva de salud pasó dos días a orillas de un arroyo, en condiciones climáticas adversas y con un acceso difícil, para brindar atención médica y relevar necesidades sanitarias a los pobladores trashumantes.
Duranta la misión sanitaria, el equipo compartió mates, tortas fritas y momentos de camaradería con los veranadores, quienes se encuentran en la región cuidando su capital, es decir, sus animales. La tradicional costumbre de la veranada, que consiste en llevar a los animales a pastar a las zonas altas de la cordillera, es una parte importante de la cultura y la economía de la región.
"La gente es muy agradecida y receptiva", expresó Rosa Retamal. "Es un trabajo que vale la pena hacer, porque sabemos que estamos haciendo una diferencia en la vida de estas personas", finalizó.
La médica Judith Barros, del hospital Loncopué, en contacto con LM Neuquén dijo sentirse privilegiada de haber participado días atrás en la visita a la zona de Cordillera, en Butahuao muy cerca del paraje Mallín de la Vuelta. “La iniciativa de nuestras compañeras agentes sanitarias y el chofer de área rural fue fundamental para llevar a cabo esta exitosa misión”.
Más adelante comentó que el viaje fue un desafío en sí mismo. “Llegamos al paraje en camioneta, y con la amabilidad de un puestero, pudimos apostar un gazebo y nuestras carpas”, precisó. “La difusión de la visita se hizo a través de la radio municipal, el único medio de comunicación en la zona, y por el boca a boca”, añadió.
En cuanto a la atención médica en el corazón de la cordillera, informó que, durante dos días, atendieron a pacientes con patologías diversas, desde traumatismos hasta enfermedades endémicas como la hidatidosis. También realizaron tareas de desparasitación y acciones de prevención. “Fue un placer ver cómo la gente se acercaba a nosotros con confianza, buscando atención médica y consejos”.
Asimismo, y hablando del enfoque integral del trabajo en el campo, la profesional remarcó que la visita no solo se centró en la atención médica, sino también en el relevamiento de las condiciones de vida de los pobladores. “Pudimos observar la situación de los ojos de vertientes, la gestión de residuos y la calidad de vida en general. Fue un trabajo que sin dudas nos permitió entender mejor las necesidades de la comunidad”.
Barros, a su vez, recalcó que la experiencia fue enriquecedora y los ha motivado a seguir trabajando para mejorar la calidad de vida de los veranadores. “Sabemos que hay mucho por hacer, pero estamos comprometidos a seguir adelante, adaptándonos a los tiempos y necesidades de la comunidad”, admitió.