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Manuel Navarro, el primer auxiliar de servicio de talla baja en Neuquén: "Hay que animarse siempre a salir adelante"

Tiene 25 años, vive en San Patricio del Chañar y desde el viernes trabaja en la limpieza de la EPET 26, una oportunidad de acceder a un trabajo formal.

Manuel Navarro tiene 25 años, mide 1,20 metros y es una persona de talla baja. Hace unos días llegó a la EPET 26 de San Patricio del Chañar con una mezcla de entusiasmo, nervios y muchas ganas de empezar. Por delante tenía su primera jornada como auxiliar de servicio en el turno vespertino, un puesto al que llegó después de años de buscar una oportunidad laboral y de atravesar experiencias que, en más de una ocasión, lo hicieron sentir que las puertas se cerraban.

Esta vez fue diferente. Manuel pudo incorporarse al sistema educativo para realizar una suplencia de larga duración y comenzó a trabajar en el sector de limpieza de la institución. Para él, el empleo representa un paso enorme hacia la autonomía y también una señal de que las personas con discapacidad pueden y deben tener acceso al mundo laboral.

“Esto me demuestra que el trabajo inclusivo es un derecho”, resumió Manuel LM Neuquén, agradecido por la posibilidad que finalmente consiguió.

Su historia comenzó el 28 de octubre de 2000. Antes de su nacimiento, los médicos le comunicaron a su mamá que Manuel tenía acondroplasia congénita. Apenas 24 horas después de nacer, su estado de salud se complicó y tuvo que ser trasladado de urgencia a General Roca, en Río Negro.

Su mamá permaneció internada junto a él durante semanas. Cuando Manuel cumplió un mes, ambos pudieron regresar a Lamarque, donde ella trabajaba como peón rural. Pero las condiciones de vida volvieron a poner obstáculos. En la vivienda familiar no había gas y utilizaban leña para calefaccionarse. El humo terminó afectando sus pulmones y Manuel volvió a necesitar internaciones.

La familia atravesó entonces una situación económica muy difícil. Su mamá perdió el trabajo y su papá comenzó a realizar changas y trabajos diversos para sostener el hogar. Tiempo después se trasladaron a San Patricio del Chañar, donde continuaron enfrentando los problemas de salud de Manuel.

Durante su infancia pasó por distintos hospitales, entre ellos el de El Chañar y el Castro Rendón de Neuquén. Mientras tanto, su mamá siguió adelante con la crianza y, años más tarde, logró jubilarse después de haber trabajado durante mucho tiempo en la actividad rural.

Manuel también fue construyendo su propio camino. Cursó la primaria y completó el secundario en el CPEM 31, en el turno nocturno. Pero encontró en el deporte una de sus grandes pasiones. Entre 2015 y 2023 participó en distintas competencias y representó a San Patricio del Chañar en los Juegos Evita, los Juegos EPADE y los Juegos de la Patagonia.

Esa experiencia lo llevó a soñar con convertirse en profesor de Educación Física. Llegó a comenzar la carrera en el Instituto Terciario Privado Séneca, en Neuquén, donde compartió las clases con estudiantes sin discapacidad, una etapa que recordó como una experiencia de verdadera inclusión.

Sin embargo, el aspecto económico terminó obligándolo a abandonar la carrera. El costo del transporte para viajar hasta Neuquén hizo imposible continuar.

Lejos de quedarse quieto, siguió capacitándose y buscando alternativas. En 2025 consiguió trabajo en la Municipalidad de San Patricio del Chañar, donde se desempeñó durante un año mediante un contrato a término. Allí trabajaba en el área de Acción Social vinculada a discapacidad y realizaba trámites y gestiones para personas que necesitaban asistencia.

Pero al regresar de sus vacaciones se encontró con que su contrato no había sido renovado. “Fue un momento difícil para mí”, recordó. Después de perder ese empleo llegaron meses de incertidumbre. Contó que le costó mucho volver a levantarse y que durante un tiempo sintió que no aparecían nuevas oportunidades.

Una oportunidad laboral que busca abrir camino

Ricardo Tabia, secretario general de ATE de la Seccional Zona Este, conoce a Manuel desde hace tiempo y acompañó las gestiones para que pudiera acceder a un puesto laboral.

El dirigente explicó que desde el gremio vienen trabajando para promover oportunidades de empleo para personas con discapacidad y que uno de los objetivos es avanzar hacia un cupo que permita garantizar el acceso al trabajo formal de quienes hoy encuentran mayores dificultades para conseguirlo.

“Él me contactó porque venimos trabajando en esto”, explicó Tabia, quien destacó además la historia familiar de Manuel y el esfuerzo que viene realizando desde hace años.

La posibilidad surgió finalmente en la EPET 26, donde Manuel comenzó una suplencia como auxiliar de servicio. Desde el gremio señalaron que la intención es que, a futuro, pueda acceder a una incorporación permanente.

“Estamos muy contentos porque cuando lo entrevisté me contó su situación, cómo la viene remando, las dificultades que tuvo, desde conseguir un transporte hasta acceder a un trabajo formal”, contó Tabia.

Para Manuel, el primer día fue una mezcla de emociones. Llegó dispuesto a aprender y a conocer a sus nuevos compañeros. “Lo mío es el sector de limpieza. Arranqué el viernes con toda la motivación, con toda la energía y con muchas ganas. Lo primero fue conocer el lugar y los compañeros”, relató.

También tuvo que familiarizarse con las herramientas y con la dinámica cotidiana de la institución. Aunque ya tenía experiencia en las tareas de limpieza porque colabora en su casa, sabía que comenzar un trabajo nuevo implicaba aprender.

Su incorporación también tiene un componente familiar. Manuel vive con su mamá, de 65 años, y su hermano de 23, quien también tiene discapacidad. Entre ellos se organizan para acompañarla y cuidarla. Manuel suele ser quien más sale de la casa para realizar trámites y resolver cuestiones familiares, mientras su hermano permanece más tiempo junto a su mamá.

Ahora, tener un empleo significa para él ganar independencia y asumir nuevas responsabilidades.

Romper barreras

Manuel habló de su condición con naturalidad y también de esa palabra que durante años le generó barreras. "La palabra enano se descarta. Nuestra discapacidad se llama acondroplasia, que es un trastorno genético del crecimiento de los huesos. Se nos dice talla baja", explicó.

"Yo prefiero que me llamen Manuel o Manu, muchos me dicen Nano, también", contó.

Este joven compartió que durante su infancia no sufrió situaciones de bullying vinculadas con su talla. Por el contrario, aseguró que en su localidad siempre se sintió querido y acompañado. “Soy muy social. Me gusta salir, divertirme, charlar. Disfrutar la vida”, dijo.

Y esa es precisamente una de las ideas que quiere transmitir con su historia. Su incorporación laboral no busca ser presentada como una excepción extraordinaria, sino como una oportunidad que debería formar parte de una sociedad en la que las personas con discapacidad puedan acceder al trabajo, estudiar, desarrollarse y construir sus propios proyectos. “Hay que animarse siempre a salir adelante y a romper el hielo”, sostuvo.

Por eso, Manuel no se quedó solamente con su propia historia, sino que también pensó en quienes todavía están esperando una oportunidad.

“Quiero dejar un mensaje a todas las personas con discapacidad: que no bajen los brazos, que tengan mucha fuerza y ánimo para seguir adelante y que luchen siempre por sus derechos y por sus sueños”, concluyó.

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