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Sofy Avila: la actriz trans que también entra a las casas para reparar caños, muebles y puertas

Tiene 37 años, nació en Neuquén y este año sumó al teatro un nuevo oficio: ofrece servicios de plomería, carpintería, herrería y electricidad para mujeres y disidencias.

La puerta corrediza de hierro todavía está apoyada sobre los caballetes de su pequeño taller. Falta soldar algunos detalles, lijar, pintar y colocar la guía. En unas horas, esa estructura pesada y prolija viajará a la casa de una clienta. Es uno de los tantos trabajos que Sofy Avila fue sumando este año, un año en el que decidió abrir una nueva etapa en su vida laboral.

Hasta hace poco, la mayoría la conocía por el teatro. Es actriz, directora, dramaturga, docente y una de las referentes del circuito independiente neuquino. Pero hoy, además, es plomera, herrera, carpintera y electricista doméstica. Y eligió que esos servicios estén dirigidos exclusivamente a mujeres y disidencias.

"Me dedico a muchas cosas", dijo entre risas. La frase no es una exageración. Desde 2011 trabaja de manera autogestiva en el mundo teatral: escribe obras, dirige, actúa, da talleres, integra un elenco, canta en una banda de música y ahora también construye muebles de estilo industrial, instala artefactos, arregla pérdidas de agua, hace trabajos de herrería y resuelve esos desperfectos cotidianos que aparecen en cualquier casa.

La decisión de ampliar su oficio no nació de un cambio de vocación, sino de una realidad que atraviesa a gran parte del sector cultural.

"El teatro sigue siendo mi lugar, pero este último tiempo, frente a la poca atención que está teniendo el arte en relación con los recursos y los apoyos, tuve que abrir otras posibilidades. Nunca recibimos mucho acompañamiento, ni nacional ni provincial, pero ahora esa ausencia se intensificó", contó a LM Neuquén.

Entonces hizo algo que ya venía haciendo desde hacía años, aunque casi en silencio: convirtió una habilidad personal en un trabajo.

Las herramientas acompañan a Sofy desde mucho antes que el teatro. Creció en una casa numerosa, con siete hermanos, en una familia trabajadora de Neuquén. Su mamá tuvo durante muchos años un jardín de infantes y fue quien sostuvo económicamente el hogar. En esa casa siempre había martillos, destornilladores, clavos, tornillos y algún proyecto para reparar.

"Vivo en un barrio donde hay talleres mecánicos, carpinterías. Siempre estuve empapada de ese mundo de hacer cosas, de construir, de arreglar. Me llamaba mucho la atención", recordó.

Su primer trabajo fue detrás de un mostrador donde atendía al público, y con su primer sueldo hizo una compra que todavía hoy la acompaña. "Nunca fui buena para ahorrar dinero, pero sí para gastarlo en herramientas", aseguró.

Las conserva todas. Algunas tienen más de quince años y siguen ocupando un lugar en el taller donde hoy fabrica muebles y recibe los materiales para cada trabajo.

Lo curioso es que, durante mucho tiempo, ese conocimiento fue completamente autodidacta. Aprendía mirando, probando y, más adelante, viendo tutoriales en YouTube. Después decidió profesionalizar esos saberes y empezó a capacitarse en el Centro de Formación Profesional N° 6. Hizo cursos de soldadura, herrería e instalaciones sanitarias. Más tarde sumó electricidad domiciliaria y carpintería. "Fui tomando coraje y valentía para empezar a ofrecer arreglos en hogares", compartió.

Una idea que empezó con un volante

A principios de este año se sentó a pensar cómo quería trabajar. Ahí apareció una publicación en redes sociales de alguien que ofrecía arreglos para mujeres y diversidades. La idea le resultó tan simple como potente.

"Me pareció hermosa y necesaria. Siempre hay cosas por reparar en una casa y también existe el cuidado de que sea alguien recomendado. Yo misma lo viví y lo vi en mi entorno," contó.

Entonces diseñó un volante, armó un mensaje de WhatsApp y empezó a compartirlo entre amigas. No hizo grandes campañas de publicidad. "Se fue armando una red. Una amiga le pasa mi número a otra, después otra recomienda el trabajo y así empezó a circular", contó.

Hoy ya trabajó en entre 10 y 15 casas y la agenda empieza a llenarse. Su modalidad también rompe con el esquema tradicional. Muchas veces las personas le escriben por WhatsApp, le mandan fotos del problema y Sofy puede hacer un presupuesto sin necesidad de una visita previa.

"Voy tomando los trabajos que realmente puedo hacer. No asumo compromisos que no voy a cumplir", destacó. Entre los servicios que ofrece aparecen instalaciones sanitarias básicas, electricidad doméstica, armado y reparación de muebles, herrería, trabajos en madera e instalaciones generales.

Aunque se trata de un oficio manual, Sofy siente que también hay algo profundamente político en esa decisión. "Voy a casas de señoras grandes, de lesbianas adultas mayores, de mujeres que viven solas, y noto esa tranquilidad. Saben que yo voy, hago el trabajo y listo. No va a haber chamuyo, ni tensión innecesaria", destacó.

Para ella, esa confianza también forma parte del servicio. "No es solamente cambiar una canilla o instalar una repisa. Hay algo de sentirse cómoda dentro de una casa ajena y de que la otra persona también se sienta tranquila. En este contexto, me parece que ese pequeño aporte social vale mucho", aseguró.

Diversidad

Por eso decidió mantener ese criterio desde el principio: trabajar con mujeres y disidencias. No lo vive como una exclusión, sino como la construcción de un espacio donde muchas personas encuentran mayor seguridad para recibir a alguien en su casa.

Sofy hizo su transición siendo adulta. Tenía casi 30 años. Y una frase suya resumió ese proceso: "La transición no tiene una edad determinada".

"Cuando esa lucha por la Ley de Identidad de Género se ganó y la ley empezó a ser efectiva, la transición apareció como una posibilidad dentro de mi vida", explicó y contó que antes, esa posibilidad ni siquiera existía en su horizonte.

Igualmente, desde su sentir, dijo, que lo podría haber hecho a los cinco años, y también en varios otros momentos de su vida, pero su entorno no se lo permitió.

Con el paso de los años, las conversaciones empezaron a cambiar. Su entorno también cambió. Y ella pudo hacerlo. "No es que un día me convertí en alguien distinto. Yo nací siendo la persona que soy. La asignación de género la hizo otra gente, no la hice yo", aclaró.

Por eso habla de la identidad como una construcción mucho más amplia que una etiqueta. "Las personas somos lo que somos. Mi lucha fue ir corriendo esas etiquetas que habían puesto sobre mí y empezar a trabajar sobre mis propios deseos", aclaró.

"Los deseos que tienen los adultos sobre lo que esperan que sea una persona son muy fuertes. Si naciste varón, entonces tenés que jugar a la pelota, ser fuerte, comportarte de determinada manera. Si uno nunca pone en cuestión esas etiquetas, también pierde la posibilidad de transformarse", afirmó.

El teatro que le cambió el destino

Si las herramientas estaban desde la infancia, el teatro llegó un poco después. Tenía 21 años cuando descubrió un escenario. Y desde entonces nunca más se fue. "El teatro cambió mi destino", sentenció.

Hasta ese momento trabajaba en una oficina de atención al público. Después decidió apostar por otro camino.

"Fue el teatro el que me corrió de una vida encaminada, normativa. Yo siempre tenía intuiciones por fuera de lo normal, pero el teatro fue el lugar donde pude pasar esas intuiciones por el cuerpo", describió.

Desde entonces construyó una trayectoria completamente independiente. Hace casi diez años que dicta talleres anuales en Neuquén, donde cada grupo termina montando una obra abierta al público. Integra el elenco Sindicato del Drama, con el que ya estrenó doce producciones, y actualmente ensaya una nueva obra para el próximo año.

Además escribe dramaturgia y trabaja para fortalecer la producción teatral local. "Siempre trato de que lo que hacemos tenga una forma de mirar el mundo. Mis obras están atravesadas por la diversidad, por las luchas de las minorías y por ciertas reivindicaciones, aunque no siempre aparezcan de manera explícita", dijo.

Como si todo eso fuera poco, también canta en una banda llamada Vida Cotidiana, un proyecto musical que comparte con la artista Caro Matto y que mezcla canciones con letras propias e improvisación.

Cuando habla de su presente, Sofy no separa el arte de los oficios. Para ella forman parte de la misma búsqueda: construir una vida autónoma. "Desde muy chica fui teniendo noción de mi propia vida y de mis propios deseos. Siempre traté de no generar dependencia, sino autonomía", aseguró.

Esa autonomía hoy tiene muchas formas. A veces es una clase de teatro. Otras veces es una obra en ensayo. Puede ser una soldadora encendida, una puerta de hierro que toma forma o una clienta que escribe por WhatsApp porque necesita arreglar una pérdida de agua.

Entre una función, un taller y un trabajo de carpintería, Sofy fue armando un modo de vivir donde el trabajo no responde a una única identidad. Ella tampoco cree en esas categorías rígidas.

"Hay que animarse a romper el hielo, a cambiar. La madurez también te enseña eso. Lamento que haya personas que nunca puedan permitirse transformarse y respondan toda la vida a las mismas etiquetas", concluyó.

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