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Un tendal de muerte: un criancero quedó en la ruina al encontrarse con sus 50 chivas madres sin vida

"Quedamos solos, sin que nadie pague las pérdidas", se lamentó. En una sola noche lo perdió todo.

Hay algo sagrado en quien elige el campo. Es madrugar sin despertador, es conocer cada piedra, cada huella, cada viento. Es apostar contra la helada, la sequía y el olvido. Es producir cuando la provincia y el país se olvida de ellos. Sin embargo, en Covunco Abajo producir se volvió una batalla desigual. En una sola noche, en un par de horas, el esfuerzo de años se convierte en nada.

El último jueves, al comenzar la noche, los pumas bajaron al puesto de don Segundo Parada. No por hambre. Bajaron a enseñar a cazar a sus crías. Y dejaron un tendal de muerte: 50 chivas madres muertas en el trayecto, todas preñadas. Otras 10 con mordidas y el cuerpo rasgado, peleando por vivir. De 150 animales que sacó al campo, volvió con menos de la mitad.

Para llegar hasta su puesto hay que desandar 43 kilómetros desde el paraje Tres Piedras, por ruta 6, hasta la Escuela 54 La Patagonia, sobre el margen norte del arroyo Covunco.

Los pumas dejaron un tendal de dolor

Don Parada no es improvisado. Se crio en el campo y hace 20 años que amansa esa tierra. Su capital no está en el banco: está en el corral, en las chivas preñadas que son el futuro de su majada.

“No es la primera vez. Ya me pasó con caballos, con terneros, con las pocas ovejas que me quedaban y las tuve que vender. Así como a mí, también a mis vecinos”, contó a LM Neuquén con la voz quebrada.

A continuación, destacó algo de su historia de vida personal: “Desde la niñez me crie en el campo. Pero hace unos 20 años que me asenté acá. Uno conoce a sus animales, sabe cuál está preñada, cuál va a parir primero. Eran todas chivas madres, preñadas. Ahí se te va el trabajo de años. Ahí se te va el futuro”.

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Hoy la impotencia le ganó. “No atacan por hambre. Esto lo hacen las madres puma para enseñarle a cazar a las crías. Matan por enseñar. Y uno acá, ¿qué hace? ¿A quién le reclama? Las pérdidas no las absorbe nadie. Nadie te las paga. Uno tiene que seguir trabajando igual, como si nada, pero sin nada”, lamentó con bronca contenida.

Y añadió con una resignación casi obligada: “Uno se siente totalmente desamparado. Las autoridades de control no aparecen. Nosotros somos el único capital que tenemos. Y ese capital, en dos horas, te lo destruyen. Así no se puede. Si esto sigue así, los crianceros vamos a desaparecer”, vaticinó con crudeza.

“Si matás un puma te multan”

El drama no termina cuando se van los pumas. Empieza otro calvario: el burocrático. “Lo peor de todo es que Fauna no interviene. No hacen rastreo de los pumas, no vienen a ver el desastre. Pero si un criancero mata uno por defender su fuente de ingresos, ahí sí aparecen. Ahí sí te cobran multas”, denunció don Segundo.

Y la paradoja continúa con Senasa: “Uno todos los años reporta la hacienda con el número de madres reproductoras y crías nuevas. Y si un productor dice ‘me mataron 50 animales’, te cobran multa. Para Buenos Aires es imposible que pierdas tantos animales. Pasa lo mismo si se mueren por temporal, sea de nieve o de sequía. Perdés por el clima, perdés por los pumas, y después te multa el Estado por perder”.

Así se resume el panorama: desamparo total, pérdida económica sin resarcimiento, sanción por declarar la verdad, y desaliento que empuja al abandono del campo.

Covunco Abajo: en soledad y sin respuestas

El problema no son solo los pumas. Es que el criancero está solo contra todo. “Lamentablemente en Covunco Abajo estamos a nuestra suerte. Total abandono del Estado provincial, desde Vialidad, la comuna y demás”, disparó sin filtros don Parada.

El agua no llega porque “es la única comuna que no tiene camiones en buen estado para repartir agua”. Y las rutas tampoco: “Las máquinas de Vialidad pasan unas cuatro veces al año. Repasan un solo tramo de la ruta, no la hacen completa. En invierno los vecinos quedamos aislados por la arcilla. En verano los arenales dejan varado a más de uno”, describió.

Mientras tanto, la Comisión de Fomento mira para otro lado. Al respecto el criancero detalló la realidad local: “Descuidan la infraestructura de servicios, la infraestructura vial y sobre todo no atienden las verdaderas problemáticas de la población rural. Especialmente la de los crianceros”.

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Pide que Fauna se ocupe

Ante este complejo panorama, don Segundo Parada exige: “Que Fauna cumpla su trabajo. Que esté presente en zonas rurales y que tenga monitoreo de los ejemplares que circulan en cada zona. Porque estos destrozos los generan pumas hembras paridas. Ellas no matan por hambre, matan para enseñar a cazar”.

Y remató con un pedido que es un grito: “Exijo medidas urgentes de los entes de control para evitar sucesivos ataques de pumas y pérdidas incalculables para los productores y crianceros. Si no, ¿quién se va a quedar? ¿Quién va a aguantar producir a pérdida, sin caminos, sin agua, sin que nadie te escuche?”.

Hoy los campesinos de Covunco Abajo no piden limosnas. Piden rutas para entrar y salir, agua para tomar y control para que el puma depredador no se coma el futuro. Porque hasta la fe del criancero se cansa de sangrar.

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