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No merece irse con Lio

Duele, incluso siendo neutral, que Lionel Messi se vaya mal del Barcelona. Que la última imagen sea tan triste, dentro y fuera de la cancha. En lo deportivo, el mejor jugador de la historia no merece marcharse con una versión tan desteñida, con la peor derrota de su carrera en su último partido, el fatídico 2-8 ante el Bayern Munich por los cuartos de final de la Champions League.

Y en lo extrafutbolístico, tampoco resulta lo más sano ni agradable a la vista de los imparciales que se marche enojado con el club que le dio todo y al que le brindó todo.

Barcelona le hizo lugar cuando en Argentina lo despreciaban, se hizo cargo del tratamiento de crecimiento, le firmó contratos impresionantes, propios del mejor del mundo...

Messi le dio todo al Barcelona y la entidad blaugrana a él. El final es triste por donde se lo mire.

A la vez, la devolución de la leyenda fue magnífica, potenció al club, le otorgó un salto de calidad, ganó cuatro Orejonas, cinco balones de oro...

Pero parece que será así de polémica nomás la salida del más grande futbolista blaugrana de todos los tiempos, del que destacó incluso por encima del inolvidable y eterno genio holandés Johan Cruyff. Y eso que pasaron glorias por una institución tan enorme y poderosa...

Si, como todo indica, su futuro estará ligado al Manchester City, será entonces la oportunidad de reencontrarse con Pep Guardiola, el entrenador que sacó lo mejor de sí, con el que formaron una sociedad brillante en el elenco culé.

Y si, en cambio, lo contrata el PSG o Juventus, formará duplas de ensueño con Neymar, su viejo socio, o con Cristiano Ronaldo, su eterno rival.

De cualquier modo, ni Messi ni el Barça merecían este duro final.