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La pelea sigue abierta, franca, con muchas batallas por delante y un final abierto. No se sabe, al igual que cuando todo empezó hace cuatro meses, en qué momento volverá a rodar la pelota en nuestro país. Ni siquiera se ponen de acuerdo en la fecha y la manera en que se puede volver a las práticas, muchos menos en cuándo llegará ese día en el que termine la abstinencia futbolera en medio de una pandemia inusual, de características únicas para todos nosotros y con un punto final aún incierto.
Durante este largo tiempo de encierro y cuarentena, aparecieron partidos de las ligas más importantes de Europa para mitigar la espera, pero, sobretodo, las viejas emociones de aquellos mundiales en los que nos llenamos de gloria o la acariciamos hasta el partido final. Ayer se cumplieron seis años de la derrota ante Alemania en Brasil, cuando casi damos una vuelta olímpica soñada para cortar la malaria que ya arrastra 27 años sin coronas albicelestes. Y con ese triste recuerdo se fue el último. El mes de los mundiales ya pasó, con el recuerdo de México 86 coronado el 29 de junio y la gesta en Italia 90, reyes sin corona, recordándonos que ya pasaron 30 años pero igual nos golpea el corazón el gol de Cani a Brasil, los penales de Goyco contra Italia y el afano innecesario ante Alemania, todo con la musiquita de fondo de la mejor canción de la historia de las Copas del Mundo.
Habrá que ver la definición de la liga española con el Real Madrid a punto de ganarla, el aburrido nuevo título de la Juventus en Italia (lleva ocho en fila) y luego sí, como aperitivo final a lo que puede ser el gran regreso en el continente, el sprint final de la Champions, en pocos días, para volver a sentir lo que era la pasión de multitudes.