General Roca> La jueza María Evelina García, quien votó en disidencia parcial frente al resto de los magistrados, se inclinó por la prisión perpetua de Susana Freydoz. Para la jueza, no hubo -como para el resto del tribunal- emoción violenta ni situaciones que hayan hecho que, al momento del crimen, Freydoz no haya comprendido la criminalidad del hecho y en tal sentido no dirigir sus actos.
Pero García fue más allá y hasta tuvo algún párrafo en el que dejó entrever la pobreza en la presentación de algunas pruebas y, más aún, en el sostenimiento de algunas hipótesis.
La magistrada arrancó la lectura de su voto argumentando su respeto a “la señora Susana Freydoz, respeto –dijo- porque ella no está loca". Inmediatamente indicó que este juicio se inició sobre la base de que Freydoz estaba loca.
“¿Por qué se partió de la locura?” dijo la jueza y opinó que entonces, todo aquel que comete un delito padece un estado de locura. Para ella, Soria murió desprevenido, acostado, con sus brazos al costado y sostuvo que no se puede sostener que alguien que es apuntado con un revólver no pueda defenderse.
Incluso, hasta dudó de los dichos de la hija del matrimonio, María Emilia, dejando la idea de que hasta pudo no haber discusión, pero aclaró que, como lo sostuvo la fiscal Laura Pérez en su alegato, se descartó que el crimen se haya producido con alevosía.
También consideró que durante el juicio desfilaron los testigos y lo hicieron con “mucha prudencia, sutileza y hasta omisión”. Indicó que ese hecho, el de los testigos, amigos y familiares, puede ser entendido desde la necesidad de preservar cuestiones íntimas y familiares, pero también es cierto -agregó- que la falta de otros elementos no revelados impidió al tribunal conocer más del hecho.
“Susana Freydoz no declaró, no nos habló, no contó nada. No sabemos por qué lo mató (a Carlos Soria), si es que hubo un por qué”, afirmó la magistrada.
También dijo que durante todo el proceso y el juicio sobrevoló la situación de infidelidad, pero que nunca se pudo avanzar sobre ese aspecto. Sólo se pudo conocer de declaraciones del hijo de Soria, Germán, quien declaró que en su momento le preguntó a su padre sobre esa situación y Soria le dijo que “se había mandado una cagada y que lo estaba arreglando”. En cuanto a las circunstancias de atenuación, fue concreta y desechó cualquiera de esas posibilidades al sostener que no se dieron, a su criterio, ninguna de las situaciones que el marco jurídico establece para tales atenuantes.