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No se va a caer el Gobierno

No va a haber un golpe de Estado. Ni se va a caer el Gobierno. Pase lo que pase en la sesión de la Cámara de Diputados que tratará, entre otras leyes, la que modifica la fórmula de actualización de las jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares, Mauricio Macri seguirá conduciendo los destinos del país con una base de sustentación popular significativa, como lo demostraron las urnas hace dos meses.

El gobierno de Cambiemos tiene margen para perder, cosa que aparece más que difícil en el caso de las reformas en ciernes, votaciones sin que sea afectado su poder de gobernabilidad. A pesar de las alarmas interesadas que algunos esgrimieron en las últimas horas y de los deseos trasnochados de otros, Macri seguirá en la presidencia. Tiene, además del sustento popular, el apoyo del establishment, que empuja por las reformas y los recortes del gasto público. Las Fuerzas Armadas están subordinadas sin fisuras al poder político y, aunque no lo quisieran de ese modo, el margen para sublevarse es cero. La banca está entusiasmada con los resultados para sus negocios de la política que está en marcha. Y el kirchnerismo es un fantasma para agitar el pánico, pero no tiene ninguna chance material de ejecutar un plan desestabilizador como el que se le pretende atribuir. Fernando De la Rúa cayó, más que por el peronismo bonaerense lanzado a las calles en su contra, porque no podía pagar la deuda y nadie en el mundo quería prestarle, precisamente porque todos sabían que no les iba a pagar. No es el caso del actual gobierno.

Las tensiones son propias de la democracia, con lo cual es delirante atribuirle poder destituyente a la primera que se enfrenta.

Es delirante atribuirle poder destituyente a la primera tensión seria que enfrenta un gobierno democrático.