{# #} {# #}
Veintiuno de octubre de 2001. Un adolescente llamado Carlos Tevez, conocido por su talento en las inferiores, su origen humilde en Fuerte Apache y la polémica que generó su pase de All Boys a Boca con un cambio de apellido incluido, cumple el sueño del pibe: debuta en la primera de Boca. Lo pone Carlos Bianchi en un equipo flamante bicampeón de América que conseguiría con el Apache como figura una nueva conquista continental en 2003, para luego ganarle al Milan en los penales en la Intercontinental de ese año y elevar a categoría de ídolo a Carlitos, que se fue en andas tras ganar la Sudamericana 2004 para triunfar en Brasil, Inglaterra e Italia antes de pegar la vuelta en 2015, llenando La Bombonera solo para darle la bienvenida.
Veintiuno de octubre de 2019. Tevez integra el equipo titular que prueba Alfaro para enfrentar esta noche a River. Otra vez en la revancha de las semifinales de una Libertadores, como aquella en la que hizo un gol en un Monumental repleto de hinchas de River (por primera vez solo se permitió locales en un superclásico copero), metió un festejo con la gallinita y terminó viendo de afuera, expulsado, el pase a la final en los penales.
Hoy, tranformado en personaje de serie, el destino lo enfrenta a otra noche histórica. Esta vez con el estadio lleno a su favor, obligado a convertirse en el referente que tanto resalta su DT, presionado para dar vuelta un resultado muy complicado para tratar de sumar otra Libertadores a su vitrina personal, que luce Champions, Mundial de Clubes, Intercontinental y hasta una medalla dorada en Juegos Olímpicos con la Albiceleste. Pero que puede quedar empañada si otra vez, como en Madrid, el River de Gallardo le impide cumplir su último gran sueño.