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Nuestro sueño de grandeza

Luis Sartori

La presidenta acaba de inaugurar como centro cultural un reciclado edificio que había nacido como sede del Correo Central, pegado al Luna Park, otro sitio emblemático de la Ciudad de Buenos Aires. Señorial, exquisita, lujosa a la vieja usanza, es una construcción monumental que se mantiene erguida para recordarnos la Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX, aquella “potencia” de cuando los estancieros viajaban a Europa con su vaca (y su leche fresca) a bordo. Dicen que es el edificio más grande del país y Cristina Kirchner lo reivindicó como el mayor centro cultural de América Latina. De hecho, tiene varios miles de metros cuadrados más que el de la Casa de la Moneda de Chile, que hasta ahora era considerado como el número uno del subcontinente.
Entre aquel sueño de grandeza y éste actual, que reflejan la inversión de $2469 millones y el orgullo por esta inauguración, hay un mar de diferencias, pero los emparenta el ADN: los argentinos necesitamos -y nuestros gobernantes bien nos representan en esta necesidad- sentirnos al tope, mirar desde arriba. Tiene la ventaja de darnos cierta seguridad pero, a la vez, nos abre un flanco de debilidad, para entrarnos.
En Neuquén, la provincia orgullosa de su Vaca Muerta, no nos quedamos atrás. No tenemos el edificio más grande del país, pero sí el shopping de mayor superficie de toda la Patagonia, una Legislatura imponente, una sede faraónica para el Poder Judicial y una serie de edificios ministeriales que bien quisieran algunos ministerios nacionales.
Toda sociedad tiene derecho a fortalecer su ego colectivo y poner la ilusión en un futuro optimista. Aunque ninguna debería relegar esa cuota de humildad que abre bien los ojos y muestra -nítido- todo lo que falta.