La crisis
“Mientras estábamos de paro, afuera de la fábrica la gente se acercaba a darnos alimentos, fue increíble el respaldo de la gente, lo que nos daban. Fue muy duro para nosotros también, de golpe salir a pedir limosna”, manifestó Morales.
Cada mañana hacían asambleas sobre la Ruta Nº 7, “teníamos que definir entre todos qué criterio íbamos a utilizar para continuar. Ahí decidimos instalar un tráiler en la vereda donde cambiábamos azulejos por comida. Eso fue impresionante, la gente más humilde nos daba hasta lo que no tenían”, comentó Giménez.
“Cuando nos quedamos sin cosas que vender, el único paso que faltaba era tomar la fábrica, encender las máquinas y ponernos a trabajar”, explicó Morales, y Giménez agregó que desde el momento que eso pasó, nunca más pararon de producir, “ni siquiera ante las amenazas más violentas de desalojos inminentes”.
Godoy, que ingresó a Zanon siendo militante del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), se puso al frente de la organización. “Fueron momentos duros, salir a la ruta, fue todo un aprendizaje entre compañeros que jamás habían hecho algo así, no sabían cómo pararse en una calle, cómo hablar ante la gente”, señaló.
Los obstáculos
El 8 de abril de 2003 fue el más duro de los intentos de desalojos, que en total fueron cinco. “Eso fue muy tenso, Sabíamos que si venía un desalojo iba a ser violento, teníamos que alertar a la comunidad y había que salir a hablar, con todo el miedo que eso nos daba”, indicó calmo Morales.
Los obreros no tenían más que piedras y gomeras para defenderse, instalaron especies de trincheras en el techo, puestos de logística afuera y adentro de la fábrica. Esa noche comenzó la vigilia para esperar el desalojo inminente por la mañana.
Al amanecer, sobre la Ruta 7, alrededor de tres mil personas de las localidades cercanas llegaron para defender la fábrica junto a los obreros.
“Ese día fue impresionante, ver a los pueblos cercanos luchando por nosotros. Después vino el juez (Eduardo) Badano a hacer el acta porque nadie se animó a pedirle a la Policía que actúe. Nos estábamos jugando la vida, hubiera sido una masacre”, dijo Giménez.
Ante la negativa sistemática del ex gobernador Jorge Sobisch de recibirlos, cuando Jorge Sapag dijo que Zanon debía quedar en manos de los trabajadores, un nuevo camino se abrió para Fasinpat. “Ni bien dijo eso nos tomamos la palabra al pie de la letra y se armó un debate puertas adentro muy grande”.
Opinión
Por Fernando Aiziczon (*)
La expropiación de Zanón es un logro inmenso. Aunque no respete lo que los ceramistas originalmente reclaman (expropiación sin pago de deuda), es una gran victoria obrera. Visto en perspectiva, no existe en la historia de las luchas de estos trabajadores un solo episodio en donde el éxito alcanzado no haya dependido de sus propias fuerzas y del recurso a la acción colectiva directa, es decir, a las movilizaciones. Por eso, y a pesar de que a la expropiación se la veía venir en el (a medias) renovado contexto político local, los ceramistas no dejaron de asistir masivamente a la Legislatura. Habrán sospechado que, sin sus cuerpos presentes, todo podía pasar.
Ese fue (y será) sin dudas el gran secreto de los obreros y obreras de Zanón: confiar en la acción. Así enfrentaron a los aparentemente invencibles obstáculos que se les cruzaron en el camino: el Estado neuquino, el empresariado, la burocracia sindical, la Justicia, y hasta sus propios ex compañeros que desde la vereda de enfrente hostigaban violentamente a la gestión obrera.
En ese camino de luchas estos obreros también desnudaron las miserias del trabajo en las sociedades capitalistas: quien se aproxime a la historia de los ceramistas conocerá las maniobras para reducir salarios, los despidos arbitrarios, los contratos laborales humillantes, la desidia patronal con las condiciones laborales (ahí está de testigo la silenciosa presencia de Daniel Ferrás, ese joven obrero de Zanón al que no se pudo atender correctamente en la vaciada guardia de la fábrica, y cuya muerte desató la bronca obrera, allá por julio de 1998).
Por todo eso que lograron, y por lo que seguramente los ceramistas harán en el futuro, la lucha de los obreros y obreras de Zanón tienen un solo límite: ellos mismos.
(*) Historiador, autor del libro “Zanón, una experiencia de lucha obrera”.
Opinión
Por Adolfo Pérez Esquivel (*)
La expropiación de la fábrica de cerámicos Zanon y dejarla en manos de los trabajadores de la Cooperativa Fasinpat es un paso positivo frente a la grave situación planteada por aquellos empresarios que abandonaron todo, se llevaron el dinero y dejaron al país sin recursos. Ante esta realidad los trabajadores tuvieron y tienen la capacidad de trabajo y la capacidad productiva. Es un acto de justicia de derechos y también pone en evidencia que los trabajadores cuando se lo proponen pueden realizar el trabajo de desarrollo e integración del país.
A partir de este hecho podemos pensar el desarrollo como explotación y el desarrollo como integración. Los trabajadores de Fasinpat están haciendo un trabajo de integración y de conciencia nacional de que otro país es posible.
Estos trabajadores que decidieron tomar la fábrica que pretendía cerrar el empresario italiano Luigi Zanon y durante nueve años la hicieron producir “bajo gestión obrera” han dado un ejemplo de coherencia y la expropiación debe entenderse como un signo de esperanza para estos tiempos.
Desde el punto de vista de los derechos humanos, los obreros han demostrado trabajo y compromiso a la participación social y cultural.
Por último, cabe destacarse la decisión del Gobierno provincial que elaboró el proyecto que el miércoles aprobaron los diputados de expropiar la fábrica y entregársela a los trabajadores que la explotan desde 2001 cuando su propietario la vació y decidió despedir a los trabajadores.
(*) Premio Nobel de la Paz