Si uno se toma unos minutos, podrá ver en las calles neuquinas alguna muestra de esa violencia. Igual que en la escena de Leonardo Sbaraglia con su auto de lujo y su máximo de prepotencia, ¿quién alguna vez no quiso pasar por encima a otro conductor y terminó casi a las piñas? Szifrón nos hace pensar que cualquiera de nosotros puede ser uno de esos protagonistas después de un día de furia.
El film, que inunda la sala de humor negro y arranca más de una carcajada, en el fondo no hace otra cosa que mostrar historias horribles, absurdas y trágicas parecidas a la vida. Por eso, si hoy usted tiene que hacer un trámite urgente en el microcentro, asegúrese de tener más de una tarjeta de estacionamiento. No vaya a ser cosa que por un solo minuto de exceso reciba una multa y explote de furia con ganas de agarrar del cogote al mismísimo intendente.