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Oscar y algo más

Luis Castillo
"La invitación que le hago al espectador es abandonarse a esa pérdida de los estribos e ir más allá, aventurarse hacia el deseo y el impulso más primitivo. ¿Qué pasaría en la realidad si alguien rompiera esos límites?”. Esa fue la carta de presentación de Damián Szifrón con la que se plantó frente al Festival de Cannes, que lo aplaudió de pie, para luego conquistar a millones de espectadores en 11 países. 
Esa misma película acaba de ser nominada para el Oscar. Habrá que ver si ocurre lo mismo en Hollywood: en todas partes la gente se sintió identificada con algunas de las seis historias “violentas” que plantea Relatos Salvajes. La genialidad de Szifrón consiste en que uno puede encontrarse con cualquiera de esas situaciones a la vuelta de la esquina. Szifrón pintó su aldea y logró pintar el mundo. 
Si uno se toma unos minutos, podrá ver en las calles neuquinas alguna muestra de esa violencia. Igual que en la escena de Leonardo Sbaraglia con su auto de lujo y su máximo de prepotencia, ¿quién alguna vez no quiso pasar por encima a otro conductor y terminó casi a las piñas? Szifrón nos hace pensar que cualquiera de nosotros puede ser uno de esos protagonistas después de un día de furia. 
El film, que inunda la sala de humor negro y arranca más de una carcajada, en el fondo no hace otra cosa que mostrar historias horribles, absurdas y trágicas parecidas a la vida. Por eso, si hoy usted tiene que hacer un trámite urgente en el microcentro, asegúrese de tener más de una tarjeta de estacionamiento. No vaya a ser cosa que por un solo minuto de exceso reciba una multa y explote de furia con ganas de agarrar del cogote al mismísimo intendente.